Tracy nos propone este tema:
“…A ver cómo sale.
Os propongo que entréis en la cocina escuchéis los
diálogos o las historias que cuentan los muebles o utensilios que hay en
ella y los escribáis.
OJO! No me refiero a las conversaciones que se
tienen en la cocina, que a veces son muy jugosas, sino a las que hay en ellas,
cuando nosotros no estamos presentes.
¿Qué os parece? Puede ser todo un descubrimiento
Estoy esperando vuestras participaciones desde ya,
las editaré a partir de las 00,01 h. del Jueves día 28. hasta el domingo a
mediodía
Cómo sabéis podéis hacer vuestra colaboración en
prosa, verso o en cualquier otra forma que se os ocurra”.
La fallida alquimia
Si alguien visita a Sephora, en el bosque de Averoigne, tal vez
abandone todo prejuicio contra las brujas, ante una bella morena, amable,
hospitalaria.
Hace años atrás, un tal Ulises Lestrade fue un discípulo de alquimia. Y
lo homenajeaba con su cocina, que ella considera una forma de alquimia. Casi
hacía hacer hablar a los utensilios con arte culinario. Y con la imaginación,
suprimiremos el casi para mencionar que la cuchara de madera decía: -Me gusta
ese toque de sus suaves manos. La cacerola contestaba: -Me tiene a la
temperatura justa y le agrega ese condimento tan sabroso al agua.
Y las cucharas parecían decir:-Ah, esa boca, ese paladar.
¨Pero esa armonía entró en crisis cuando una voz molesta se hizo
escuchar: ¡Ufa! Este no tiene el toque de nuestra bruja.
La protesta venía del cuchillo
para cortar verduras, sobre una tabla de madera. Estaba en manos de Ulises
Lestrade, quien lo usaba con más violencia.
-¡No! ¡Le está dando a probar! –exclamó
la cuchara de metal.
-Y ahora él está echando más condimento –intervino la cacerola- ¡De ese
no! ¡No de esa forma!
-Nuestra bruja se enamoró –explicó- Y quieren enseñarle a cocinar.
Hubo un ¡No! generalizado en la cocina. Que Sephora no comprendió. O
prefirió no tener en cuenta, por amor a Lestrade.
La cuchara de madera dijo, con el aprendiz de cocinero:-¡Más suave!
¡Más suave! La cacerola protestó contra la temperatura del agua.
Y mejor no revelar que dijo el horno, en cuanto a la preparación de
pan. Reclamando que la cocinera retomara su oficio.
Llegó un día en que Ulises Lestrade partió para convertirse en un
detective paranormal. Sephora suspiró,
al comenzar a extrañarlo.
Y todos los elementos de cocina suspiraron aliviados.
Más Oído cocina en Tracycorrecaminos
Epílogo
Ulises regresó tiempo después, Sephora
lo vio llegar desde la ventana, había cansancio en sus pasos, en su mirada.
Abrió la puerta y lo recibió con un
cálido abrazo, no preguntó nada, solo dejó que su mentón descansara en el
hombro.
Lo acercó a la silla y lo miró en
silencio mientras apagaba el fuego de la hornilla.
Él inclinó el cuerpo lentamente, como
quien teme romper un hechizo antiguo; y acarició sus manos aún tibias por el
calor del pan.
—Extrañé esto -murmuró-
—¿La cocina? -preguntó ella, apenas
sonriendo.
Ulises negó despacio y apoyó la frente
contra la suya. Entonces la besó con hambre contenida, con esa necesidad
acumulada en el silencio; y Sephora respondió abrazando su espalda, lo llevó
contra su cuerpo como si jamás hubiese dejado de esperarlo.
La cacerola exhaló un vaporcillo de
resignación, la cuchara de madera cayó al piso sin que nadie la levantarse.
Y aquella noche, la casa entera olió a
pan caliente, a vino derramado y a deseo antiguo.
por Mujer de Negro
Hola Demiurgo...
ResponderEliminarMenos mal que Ulises Lestrade termino su curso y se fue, sino los utencillos le harían saber lo molesto que era.
La única que lo iba a extrañar era Sephora. Muy bueno y original.
Saludos.
Hola, mariarosa.
EliminarSe quedaron con quien sabía usarlos.
Sephora quien lo extrañó.
Me alegro que te parezca muy bueno y original.
Saludos.
Vaya con esos amores de Ulises y Sephora, que callados lo tenías.
ResponderEliminarComprendo a los pobres cubiertos, acostumbrados a unas solas manos, no querían a Ulises en la cocina. Suele pasar hasta en el mundo real, así que cuando se fue a sus actividades detectivescas, descansaron.
Lo he contado alguna vez aunque tal vez haya quedado un poco en el pasado.
EliminarY más cuando esas manos son tan hábiles.
Descansaron de Ulises, podría ser el resumen de mi relato.
Saludos.
Ulises regresó tiempo después, Sephora lo vio llegar desde la ventana, había cansancio en sus pasos, en su mirada.
ResponderEliminarAbrió la puerta y lo recibió con un cálido abrazo, no preguntó nada, solo dejó que su mentón descansara en el hombro.
Lo acercó a la silla y lo miró en silencio mientras apagaba el fuego de la hornilla.
Él inclinó el cuerpo lentamente, como quien teme romper un hechizo antiguo; y acarició sus manos aún tibias por el calor del pan.
—Extrañé esto -murmuró-
—¿La cocina? -preguntó ella, apenas sonriendo-
Ulises negó despacio y apoyó la frente contra la suya. Entonces la besó con hambre contenida, con esa necesidad acumulada en el silencio; y Sephora respondió abrazando su espalda, lo llevó contra su cuerpo como si jamás hubiese dejado de esperarlo.
La cacerola exhaló un vaporcillo de resignación, la cuchara de madera cayó al piso sin que nadie la levantarse.
Y aquella noche, la casa entera olió a pan caliente, a vino derramado y a deseo antiguo.
Puñado de besos. dem
Me gustó mucho.
EliminarLo agregué como epílogo, continuación.
Multitud de besos.
Estoy agradecida, Dem
EliminarPuñado de besos
Es que escribiste muy bien, captando la esencia de mis personajes.
EliminarMás besos.
Adorei as conversas e os pedidos de mais suavidade, vindo da colher de pau, o protesto da faca de legumes... Muito legal e o epílogo da Mulher de Preto coube muito bem a´pi! abraços, lindo dia, chica
ResponderEliminarAchei que deveria haver uma diferença notável entre o toque de uma bruxa boticária, talentosa na cozinha, e o de um homem de acção. A Mulher de Negro captou a essência da minha história e aprimorou-a com o seu epílogo. Abraços.
EliminarHoy tu relato desprende nuevos sabores, y la verdad que son agradables de saborear.
ResponderEliminarMe gustó el ritmo que impusiste, no solo leí unos utensilios parlanchines , sino ese halo de romanticismo que vino del Epílogo
Muy buena combinación.
Un beso.
Me gusta que te hayan resultado agradables de saborear.
EliminarEl epílogo es mérito de Mujer de Negro.
Supo aumentar lo emocional que hay en lo que escribí.
Besos.
¡Que sensual y ardiente! Ya me olía algo que algo como eso iba a pasar... me ha gustado, y ese rencuentro en la cocina. Me ha gustado la idea sensual... quizás haga algo más cochinote yo. Un besote
ResponderEliminarMe gusta que hayas encontrado elementos sensuales y ardientes. Celebro que te haya gustado.
EliminarAdelante con eso. Te presto a estos personajes, si querés.
Un gran beso.
Wooww,,menos mal que no segui mi instinto inicial de traer a la bruja que habita en mi para mostrar mi cocina,,,hubiera quedado mal parada con ese temazo que has creado y que ha completado maravillosamente Mujer de negro ...es una historia que me fascina..espero que sigan haciendo esa dupla..bssssss
ResponderEliminarEscribiste un muy buen relato. Pero me habría gustado que hubieras invitado a tu cocina a esa bruja interior, que parece notarse en tus imágenes.
EliminarSeguro que habría sido algo de buen nivel aunque agradezco tu elogio.
Estaría muy bien.
Besos.
Buen relato. Voy bajando y ¡sorpresa! epílogo, más mejor relato.
ResponderEliminarMe gusta que te parezca buen relato.
EliminarY estoy de acuerdo con que el epílogo, escrito por Mujer de Negro, es mejor.
Saludos.
Me gustó como adaptaste tus personajes a la historia y ese final me encanto, un abrazo.
ResponderEliminarPATRICIA F.
Usé el talento para la cocina de un personaje y la falta de talento que se le atribuye al otro.
EliminarMuchas gracias. Un abrazo.
Pobres cacharros, qué sufrimiento y angustia.... Jajajjaja. Tan divertido como pasional.
ResponderEliminarBasado en la nula destreza de Ulises Lestrade para cocinar, algo que le reprocha su primo Hugo.
EliminarParece que he logrado una interesante combinación.
Un abrazo.
Me encantó como combinaste la convocatoria con tu especial mundo. Hoy has dado a la cocina ese matiz de laboratorio, de alquimia... es verdad, los químicos somos unos cocineros especiales y muy precisos. Me gustó mucho el post ;)
ResponderEliminarMe basé en la habilidad para la cocina que ha demostrado tener Sephora, usando productos frescos, disponibles para ella. Y la nula habilidad, que se le atribuyen a Ulises Lestrade.
EliminarYo tuve la misma idea sobre los químicos y tu comentario me lo confirma.
Muchas gracias. Un abrazo.
Prendada de tu relato, de tu cocina y la importancia de las manos que utilizan los utensilios y prendida del epílogo, un juego que con el nombre de Ulises nos lleva a otras historias. Felicidades a ambos y un gran aplauso.
ResponderEliminarMe sorprende gratamente la impresión que te ha despertado mi relato.
EliminarEran unas manos especiales. Mujer de Negro ha sabido usar el nombre en ese epílogo.
Muchas gracias y abrazo.
El que se llame Ulises, su regreso y aceptación me han recordado, claro a la Odisea, al héroe cansado que rechaza los dones y los cantos de sirena para volver al lugar donde puede ser él realmente :)
ResponderEliminarHay alguna influencia, nada casual-
EliminarY es una interpretación válida.
Aunque este Ulises llegaría a conocer a Sofía Electra Valentino. Y a la vez, Sephora siempre será alguien especial para él.
Saludos.
Hola Demiurgo.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho el relato, que vienen a ser dos con la constante de unos utensilios de cocina celosos. Es lo que provocan nuestros amores en los que nos rodean. De alguna forma sienten que les arrebatan algo. En el caso de la cocina, no hay mejor plato que el que se prepara y saborea con y para el ser amado.
Un saludo.
Puede ser que el amor deje un tanto en segundo plano al entorno.
EliminarY puede ser también cierto lo del plato preparada para el ser amado.
Saludos.
Hola Demiurgo, original y creativo, mezcla la fantasía con el humor de manera natural. Me gusta cómo los utensilios de cocina cobran vida y muestran incluso celos y opiniones sobre quién cocina mejor, como si fueran personajes con sentimientos propios. También tiene un aire mágico y literario que hace la lectura muy entretenida, especialmente con la figura de Sephora y esa cocina entendida como alquimia. Además, deja un toque irónico y simpático al mostrar que hasta los objetos de la cocina se sienten aliviados con la marcha de Ulises.
ResponderEliminarUn abrazo
Hola.
EliminarMe gusta que te parezca original y creativo. Lo del humor es algo no planeado, fue surgiendo a medida que escribía, en forma espontánea.
Sephora es encantadora. Tengo la idea de que las brujas han contribuido mucho a la cocina.
Gracias por tu atento comentario.
Un abrazo
Qué bien están funcionando los epílogos como contrapunto a tus relatos siempre interesantes.
ResponderEliminarHacen una buena dupla de escritores. Se expande a mayor velocidad el Universo de tus personajes.
Abrazos Demiurgo Capo, hasta la próxima
Contrapunto es la palabra adecuada.
EliminarY me gusta lo de integrar una dupla, aunque la otra parte esté tan lejos.
Es muy cierto.
Saludos, maestro de la pintura. Hasta la próxima
ya cada utensilio conoce por años de experiencia el ritmo que le imprime su dueña; así que cualquier intruso tosco y sin el menor sentido de la proporción a la hora de usar los condimentos, sale sobrando.
ResponderEliminarun buen relato.
saludos.
Interesante explicación, se adapta a ese ritmo y no quiere a que aparezca un intruso tosco.
EliminarQue bien.
Saludos
Me imagino que esos enseres estaban muy apegados a su dueña, como las mascotas que se adaptan al "toque" de su ama. Me gustaron ambos textos, el tuyo y el epílogo de mujer de negro. Se complementan muy bien. Un abrazo
ResponderEliminarMe gusta la comporación con mascotas.
EliminarSephora tiene un toque especial en la cocina.
Quedó una buena interacción.
Un abrazo.
Me ha gustado, la historia de amor paralela entre Sephora y Ulises y la tirria que le han cogido los utensilios al detective. Les espera resignación me temo...
ResponderEliminarUn besazo!
Que bien que te haya gustado este paralelismo.
EliminarPensé que las manos suaves de una bruja benéfica serian distintas a las de un hombre de acción. Además con nulo talento para la cocina.
Un gran beso.
Las mejores recetan son como el amor, hay que hacerlas, no comprarlas.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Sephora podría estar muy de acuerdo.
EliminarSaludos, colega demiurgo.
El universo que insinúas (bruja amable en el bosque de Averoigne, alquimia, detective paranormal) tiene potencial para historias más largas.
ResponderEliminarMezclas un estilo casi infantil (“¡Ufa! Este no tiene el toque…”) con referencias literarias (Averoigne) y un intento de ternura romántica, lo que enriquece el texto.
Quizá habría que haberlo enfocado más en el humor de los utensilios protestando mientras Sephora está enamorada y no les hace caso. Eso daría más tensión cómica.
Saludos!
Es cierto. Recurro a conectar las historias.
EliminarMe gustó tu visión sobre la mezcla. La influencia literaria fue decisiva. Incluso en el nombre de Sephora. Y ese estilo pensé que podría ser propio de objetos de cocina.
Tal vez habría funcionado.
Saludos.
que difícil la consigna de hoy pero que bien resuelta... la protesta de la cacerola por el calor, lo mejor... saludos!
ResponderEliminarHa costado pero tenía a los personajes indicados.
EliminarY me dejé llevar por la escritura.
La de la semana siguiente tal vez sea más difícil.
Saludos-
Este es un reto muy interesante, quizas uno de los que pone a volar la imaginacion, me encanto que tenga dos partes una desde el punto de las cosas que atestiguan lo que las personas hacen, y un epilogo con protagonismo de pasion, en donde otras vez las cosas ocupan un rol destacado, pero sobre todo el deseo. Creo ha sido un gran texto.
ResponderEliminarY también muy desafiante.
EliminarLa segunda parte es un aporte de Mujer de Negro. Que tiene el tema de la pasión.
Muchas partes de mi parte y de Mujer de Negro.
Saludos.
Muy buen relato y esta iniciativa me dio hambre jaja
ResponderEliminarUn beso amigo desde Plegarias en la Noche
Entiendo eso. Sephora debe de ser una cocinera única.
EliminarMe alegra que te parezca un muy buen relato.
Besos.
Qué tal, Demiurgo. Siempre tan activo escribiendo, como siempre. Pasé a saludar, que estés bien.
ResponderEliminarMuchas gracias por pasar a saludar
EliminarSaludos.
Imaginar a, Ulises Lestrade entremedio de todo ese desastre es sexy, e imaginarlo volver, la cuchataxee madera, el cuchillo, todos tiemblan, también, Sephora, solo que por motivos distintos.
ResponderEliminarSe me creó una imagen mental de, Ulises; y tanto, que abrí tu enlace, es surcoreano?.
Aportaste algo que no había imaginado, lo de sexy.
EliminarSephora tiemblan pero por otras causas.
Es francés, o franco argentino, de la misteriosa región de Averoigne-
Tal vez es que el dibujo es torpe. O que haya algún ascendiente de esa nacionalidad. Habría que preguntarselo a su primo Héctor Lestrade, que es genealogista.
Besos.