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jueves, 10 de septiembre de 2026

Este jueves, un relato: EL OBJETO, LA IDEA O EL SENTIMIENTO QUE NO DEBERÍA EXISTIR

 Ibso nos presenta el siguiente reto:




Hay cosas que no deberían sorprendernos: una moneda olvidada en el bolsillo de un abrigo, una fotografía perdida entre las páginas de un libro, una llave cuyo dueño ya no recordamos. Objetos pequeños, cotidianos, aparentemente inocentes. Hasta que un día encontramos uno que nos obliga a detenernos, uno que, por algún motivo, sabemos que no debería existir.

Quizá porque pertenece a un tiempo que aún no ha llegado. Quizá porque fue fabricado por alguien que nunca existió. Quizá porque lleva grabado nuestro nombre cuando estamos seguros de no haberlo visto jamás. Quizá porque está fabricado con un material que sabemos que no puede existir. O quizá porque cambia de forma, de color o se comporta como si estuviera vivo.

Y no nos limitemos a lo físico. La imposibilidad también habita en lo intangible: esa idea o ese sentimiento que no debería existir. Un recuerdo de un evento que jamás ocurrió, una certeza que no nos pertenece, un rencor hacia alguien que aún no conocemos o una emoción sin nombre que contradice todo lo que sabemos sobre nosotros mismos.

Esta semana les invito a contar qué ocurre cuando aparece ese elemento imposible. Lo que contradice algo que sabemos con total certeza. Lo que quizá sea una casualidad… o quizá no.

Puede ser real o virtual, físico o abstracto, antiguo o recién nacido, pequeño o enorme, maravilloso o inquietante.

Lo importante es que exista una razón por la que no debería existir.

A partir de ahí, son completamente libres.

No es necesario explicar el origen. Tampoco hace falta que sea algo extraordinario a primera vista. Quizá lo verdaderamente inquietante sea descubrir que aquello que parecía completamente normal no debería estar ahí.

Pueden llevar la historia hacia el misterio, la ciencia ficción, el terror, el humor, la fantasía, el drama, el absurdo, el romanticismo… o hacia cualquier territorio que su imaginación encuentre.

ALGUNAS REGLAS

— El relato debe partir de la premisa propuesta: «Algo que no debería existir» (objeto, idea o sentimiento).

— Extensión máxima: 350 palabras (más o menos).

— Prosa o poesía, a su elección.

— El género es libre.

— Pueden acompañar el relato con una imagen, si les apetece.

— Leer y comentar cada participación (muy importante).

Como siempre, comenzamos el próximo jueves a las 00:00 h y el cierre será el sábado a las 12:00 h (más o menos).

Cuando tengan su relato, pueden dejar el enlace en los comentarios para que podamos ir visitándonos.

Porque quizá lo más interesante de este reto no sea descubrir eso que no debería existir, sino averiguar qué historia decide contar cada uno a partir de ello.

Yo ya tengo el mío.

¿Y ustedes?

¡A escribir, jueveros!

Un abrazo,

 

Me he inspirado en el cuento El aljibe, de Mariana Enriquez, gran escritora. Incluso he mantenido el nombre de un personaje. Pero creo haber aportado algo original, que hace que sea algo distinto.


No entró dentró de las 350 palabras pero Ulises y Sofía trabajan para Nausicaa, agencia internacional de investigaciones que encubre sus actividades como agencias de viaje, tiene conexiones con hoteles.



La pesadilla implantada

Soy Ulises Lestrade, detective paranormal. Sofía ElectraValentino y  yo fuimos llamados por una oficina de una agencia de turismo.

 Nos encontramos con Josefina, demacrada, con caída del pelo y uñas rotas. Y con Marisa, su hermana, deslumbrante con su pelo rubio.

Josefina habló de, cuando no tenía miedo, a pesar de las historias que les contaban la madre y la tía. Marisa era quien dormía con la luz prendida y tenía pesadillas

La tía las llevó con Lucrecia, una bruja, en un pueblo de Corrientes, en una casa con un jardín.

 Lucrecia dijo algunas palabras sin sentido. Josefina se durmió de aburrimiento. Cuando despertó la tía se las llevó de regreso. Y ahí comenzó el cambio, que estaba destruyendo a Josefina.

-Planeamos viajar para volver a consultarla. –dijo Marisa- Y en la agencia de viajes nos hablaron de ustedes.

-Podemos ayudarlas –les dije- No irán solas.

Hablamos con ellas, para prepararnos mejor y emprendimos el viaje.

 

Luego de un viaje tan largo, llegamos a una casa con un jardín marchito. Entramos con ellas.

Lucrecia se seguía viendo como Josefina la había descripto, no era joven pero tenía una postura erguida. Tenía arrugas, pelo encanecido pero tenía la silueta delgada.

Resumiendo, dijo que la tía las había llevado para que librara a Marisa de sus pesadillas.

-Usé una foto tuya para pasarte los males de tu hermana -le dijo a Josefina- Y ya no puedo hacer nada, querida niña.

Sofía le dijo a Marisa:

-Protegé a tu hermana mientras Ulises y yo hablamos con Lucrecia.

Marisa se llevó a su hermana.

-Sabemos que  la tía pagó para transferir sus males a sus sobrinas–dijo Sofía- Josefina fue la afectada. No por la foto sino porque durmió en este sillón.

-También sabemos cómo usted mantiene  su vitalidad- agregué- La extrae su vitalidad del jardín. Parasitismo mágico.

-Ayude a Josefina o cortamos esa conexión que tiene  con  su jardín –dijo Sofía- El jardín reverdece, usted se reseca hasta morir.

-Por favor, no lo hagan –suplicó

 

Un rato después, nos reunimos con las hermanas.

-Pueden quedarse tranquilas –les dije- Las pesadillas terminarán.

 

Más imposibles en Camino a la Utopía

 

Epílogo

 

De vez en cuando pensaba en Josefina y Marisa.

Según el último mensaje que recibimos, ambas estaban bien. Josefina dormía tranquila y Marisa ya no necesitaba dejar la luz encendida.

El caso estaba cerrado.

Hasta que una tarde encontré, entre mis notas, la fotografía que Lucrecia había utilizado. O había fingido usar.

La observé unos segundos.

No había nada extraño en ella.

Solo Josefina, sonriendo.

Iba a guardarla cuando noté algo.

Al fondo, detrás de ella, había una ventana.

Y en el reflejo del vidrio, apenas visible, se veía una mujer.

No era Josefina.

No era Marisa.

Tampoco Lucrecia.

Sofía se acercó y miró la fotografía.
— ¿La habías visto antes? -preguntó-.

Negué con la cabeza.

Volví a mirar.

Y el reflejo ya no estaba.

 

Por Mujer de Negro

 


martes, 8 de septiembre de 2026

La remisera, una historia de Mujer de Negro.

 

Mujer de Negro ha dejado una contribución, que creo se merece una entrada propia. Parece que está gustando este personaje. Que sigue siendo un enigma para mí.

 

La Remisera: Origen incierto

Alguna vez, ella tampoco sabía conducir.

Eso fue lo primero que tuvo que aprender.

Lo segundo fue descubrir que no todos los caminos llevan a un lugar.

Algunos llevan a un tiempo.

Otros, a una historia.

Y unos pocos llevan a personas que todavía no existen.
Tal vez apareció por primera vez durante la convención de demiurgos. No porque alguien la hubiese invitado. Simplemente llegó.

Un automóvil viejo.

Nadie la vio estacionarse.

Bajó, cerró la puerta y preguntó:

—¿Quién pidió un viaje?

Nadie respondió.

Entonces volvió a preguntar:

—¿Quién de ustedes quiere regresar?

Uno de los demiurgos levantó la mano.

—¿Regresar a dónde?

Ella lo miró.

Sonrió.
—Ese es precisamente el problema.

Y arrancó.

Quizá desde entonces alguien empezó a llamarla La Remisera.

No porque supieran quién era.

Ni de dónde venía.

Ni quién la había enviado.

Tal vez ni siquiera ella lo sabía.

Solo aparecía cuando alguien necesitaba ir de un lado a otro.

De una historia a otra.

De un recuerdo a otro.

De un mundo que ya no le pertenecía a uno que todavía no conocía.
Y nunca preguntaba demasiado.

Llegaba, bajaba la ventanilla y preguntaba:

—¿Subes?

A veces pienso que ni siquiera conduce ella.

Quizá el automóvil sabe los caminos.

Quizá conoce puertas que nosotros no vemos, calles que no aparecen en ningún mapa y destinos que todavía no han sido escritos.

Y quizá por eso La Remisera no necesita una etiqueta.

Porque mientras Mara Laira, Atalanta y Duality tienen un lugar dentro del Mara Verso, ella pertenece a otra parte.

A ese espacio entre una historia y la siguiente.

Al lugar donde alguien todavía no sabe que está a punto de partir.

Y entonces entiendo algo de tu respuesta.

Quizá La Remisera no necesita una historia de origen.

Quizá su historia comienza cada vez que alguien sube al automóvil.
—¿A dónde vamos?

Ella sonríe, pone el vehículo en marcha y responde:

—Ya lo sabrás.

Por Mujer de Negro

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Este jueves, un relato: Mi máquina del tiempo.

 

Luferura nos presenta este tema para escribir:

Me imagino que todos sabemos y conocemos de la novela “La máquina del tiempo” de H.G. Wells. En ella se nos habla de un ingenio capaz de hacernos viajar al pasado y al futuro. 




El reto para el próximo jueves 3 de septiembre se trata de describir vuestra máquina del tiempo. ¡Que no cunda el pánico! No se pide un relato de ciencia ficción ni científico, sino más bien sentimental. Se trata de evocar ese objeto que nos traslade al pasado, con buenos o malos recuerdos, y nos permita imaginar un futuro con sus esperanzas o temores. Como veis, se trata de encontrar un artilugio que nos lleve a un viaje interior desde el pasado hacia el futuro. Puede ser cualquier cosa, grande o pequeña, propia o ajena o, incluso, sólida o etérea.

Dejad volad vuestra imaginación en, aproximadamente, unas 350 palabras y compartir vuestra máquina del tiempo y comentarios sobre las mismas.

En el relato menciono a Víctor Peril, historietista de un estilo sencillo. A pesar de su torpeza natural, conquistó a una bella pronosticadora del clima, Carla Chaparro.

 

Modelo Vivo en el Mara Verso

 

No  tengo planes de relatos sino de referirme a objetos que me funcionan como componentes de una metafórica máquina del tiempo. Los cuales voy reponiendo.

Y me refiero a mis útiles para dibujar, tanto historietas como a una modelo.

Lápices, de medianos a duros. Alguno blando para sombrear. Lápices acuarelables, acuarelas, para color, generalmente para Modelo Vivo. Para tinta china, algún pincel y una pluma



Puedo viajar mentalmente a cuando hice tan dibujo, tal página de historieta. Como fue el proceso de dibujar a una modelo. Y lo que ella…

-No me convence este planteo –interrumpe Mara Laira, mi usual colaboradora, acariciando su pelo azul.

-Vamos que nos espera La Remisera –insiste- Te programé una sesión de dibujo. Y creo que te va a gustar.

Mara ya tenía todo preparado, había armado mi bolso con hojas tamaño 6. Y lápices para dibujar. Podría molestarme con ella, por tomar el control creativo. Pero confío en su promesa.

El viaje con La Remisera es breve. Y llego con Mara, que me presenta con gente que conozco, otra no tanto.

Roxana Frigia y Alejandro Escaleta  conducirán la sesión de modelo vivo.

-Ha habido reclamos en lo que llamás Mara Verso –me explica Mara- Hay quienes reclaman retratos y hay quienes reclaman más.

-Y yo soy la primera voluntaria –interviene Atalanta, con un peplo más breve que de costumbre, del que se desprende.

Recuerdo mis experiencias dibujando a una modelo. Pero dibujar a una mujer atlética, fuerte, es todo un desafío. No niego que interesante desafío.

 Aparece Nahama, con su sesionista. Nos brindan música en vivo, muy propicia para dibujar.

Hay más presentes. Ares Argento, que quiere dibujar algo más artístico que retratos hablados. Víctor Peril, amigo de los Frigia, al que se le cae un atril sobre piel. Incluso una Mujer de Negro. Que ayuda a Víctor con su accidente de atril.

 

Roxana corrige mis trazos, sin dejarme pasar una, y va dando consignas. Poses rápidas. Luego dibujar con lapicera, luego con tinta china.

Hay pausas.



Aparece Regina Clámor, para bocetos rápidos. Con la táctica de arrancarse partes de ropa, cliché de sus películas, hasta que desaparece. Roxana insiste en que dibuje todos sus rasgos, como los ojos dilatados por el medio actuado.

Roxana da por finalizada la sesión de modelo vivo.

-Hay mucho que mejorar pero estás encaminado –me dice- Hay más chicas que desean que las dibujés.

-¿Quién va estar como modelo? ¿Vos, Dana Serling o…?

-Será una sorpresa.

La Remisera nos espera. Algo que no puedo discutirle que fue de mi agrado. Espero la próxima sesión.

Aunque refuerza la idea inicial. Mis objetos me permiten viajar no sólo por el tiempo sino por otros mundos.

 

Más Máquinas del tiempo en LA VELETA



Epílogo

Al salir, guardo la tinta china y los dibujos con más cuidado del necesario. Todavía queda en ellos algo de la sesión: una mirada, un gesto, alguna línea que no recuerdo haber trazado.

La Remisera avanza por calles que reconozco, aunque durante unos segundos tengo la impresión de que no son las mismas.

Los edificios parecen desplazarse apenas, como si el paisaje estuviera siendo dibujado de nuevo mientras lo atravieso.

No pregunto hacia dónde vamos.
Al llegar, encuentro sobre la mesa uno de mis objetos, colocado allí sin que recuerde haberlo dejado. Lo observo un instante y comprendo que la próxima sesión ya ha comenzado.

Esta vez, quizá, no tendré que esperar a que aparezca la modelo.

— ¿Ya estás listo? -pregunta Roxana desde la puerta-

Levanto la mirada.

— ¿Para qué?

Sonríe.

—Para conocer a la próxima modelo

Detrás de ella hay una silueta.

A contraluz no alcanzo a distinguir su rostro.

Pero creo reconocerla.

Y por un instante, tengo la inquietante certeza de que ella también me ha reconocido.

Por Mujer de Negro

 


 

viernes, 28 de agosto de 2026

Este jueves, un relato: Mucho más que una mirada

 Neogéminis nos presenta este reto:




"Esta semana la consigna se centrará en el poder de las miradas y todas las sensaciones y sucesos que puedan disparar en nuestras reacciones y pensamientos. De esta forma, los participantes que quieran sumarse deberán aportar un relato de alrededor de 350 palabras, narrado EN PRIMERA PERSONA, de género y estilo libre que tenga como disparador el impacto de una mirada (sea quien sea el/la dueño/a de esos ojos y sean cual fueren las circunstancias). A medida que vayan publicando, me dejan el link respectivo y el jueves, armaré la lista de participantes. 

Espero les entusiasme la propuesta".


Se ha menciona en este relato a Sísifo de Averoigne. Para explicar se trata de un legendario antepasado, de una región misteriosa de Francia. Temerario, trovador, fue amado por mujeres, no todas de ellas eran humanas. Se ha contado esta historia en este relato.


 

Mirada de serpiente

Soy Héctor Lestrade, como genealogista tengo un registro de la rivalidad entre los Lestrade y los Ganimard. A pesar de tener en común  el descender de Sísifo de Averoigne, de quien heredamos una afinidad con los misterios.

Con Gabrielle Ganimard, habíamos investigado  El caso del ucumar, que había complicado la filmación de una película. Por pedido de las actrices Caro Babich, Maia Tarcic, a quien rescatamos, la productora cambió el lugar de rodaje.

Aunque el peligro no había terminado. Además, el director habló con nosotros.

-Vamos a filmar en unas propiedades recicladas que parecen casas humildes pero son cómodas.

-Pero algo no lo convence –me adelanté a responder.

-Es que no debí contratar a  Regina Clámor, la siguen los problemas. –contestó el director- Debí haberme conformado con Caro y Maia.

Gabrielle decidió tomarlo en serio. Estaba invirtiendo en la película.

Así que decidió que nos adelantáramos al equipo. A llegar cerca, los lugareños nos recibieron con desesperación, viendo a Gabrielle como la salvadora que esperaban.

Habían pasado unas muertes misteriosas, lo de muerte súbita no convencía a nadie.

-No me digan nada más –dijo Gabrielle, a través de mí.

 

Ella me arrastró a adentrarnos en un lugar desconocido. Encontramos vegetación decrépita y un nido con cáscaras extrañas.

Gabrielle me mostró una libreta con un dibujo. Malas noticias. Era una serpiente roja, con un ojo. Un Basilisco Criollo.

 

Volvimos con el grupo. Gabrielle habló con Caro Babich y Maia Tarcic. Les pidió prestado unos espejos de mano.

 

Y llegó el momento clave. Volvimos a la vegetación arruinada. Esperamos mirándonos mutuamente.

Entonces escuché  un silbido.

Gabriella señaló a mi garganta.

Según lo planteado, canté. Fueron versos de nuestro antepasado. Desafiné pero funcionó como defensa provisional.

Levantamos los espejos, hicimos varios giros. Escuchamos otro silbido. Entonces fuimos hacia el Basilisco, herido por su propia mirada mortal.

Intentó escapar. Pero fuimos con los espejos. Y lo confrontamos con su propia imagen. Y fue su fin.

Habíamos triunfado. Al menos una de las tres actrices mostraría su agradecimiento conmigo.

Pero pensé que el momento en que Gabrielle y yo nos habíamos mirado. Las rivalidades entre los Lestrade y los Ganimard parecieron esfumarse.

 

 

Más miradas en Neogéminis


Epílogo

Al regresar, nadie habló durante unos minutos. El equipo nos miraba como si hubiésemos vuelto de un sitio que no pertenecía del todo a este mundo. Caro abrazó a Maia. Regina, pálida, permaneció apartada.

Gabrielle guardó los espejos en silencio. Es decir, sus manos permanecieron quietas.

— ¿Sabes qué es lo extraño, Héctor? -me dijo finalmente, con su lenguaje de señas-. El Basilisco no fue lo más peligroso.

La miré.

— ¿Entonces qué?

Ella dibujó una tenue sonrisa.
— Creer durante generaciones que los Lestrade y los Ganimard debíamos odiarnos.

No supe qué responder.

Había pasado buena parte de mi vida estudiando nombres, fechas, matrimonios y rencores heredados. Sabía quién había traicionado a quién, quién había vencido y quién había jurado vengarse. Pero nunca había pensado que una enemistad también pudiera heredarse como una enfermedad.

Gabrielle extendió la mano.

— Ven; ya es hora de dejar algo distinto en el registro

— ¿Qué vas a escribir?

Me miró con aquellos ojos serenos que, por primera vez, no parecían los de una Ganimard.

— Que dos descendientes de Sísifo encontraron un monstruo; y en lugar de culparse por haberlo despertado, decidieron enfrentarlo juntos

Tomé su mano.

Y mientras abandonábamos aquel lugar, juraría que entre las ramas secas comenzó a crecer una pequeña flor.

Quizá era solamente una flor.

O quizá los misterios de Averoigne también sabían reconocer cuándo un rencor llegaba, por fin, a su última generación.


Por Mujer de Negro


jueves, 20 de agosto de 2026

Este jueves, un relato: "Detectives de valijas"

 

Patricia F y Rosana nos proponen este tema para desarrollar

 

Siiii, este jueves volvemos a ser anfitrionas, antes de contarles acerca de la propuesta queremos recordarles que se necesita gente que quiera anfitrionar para próximas propuestas jueveras, quien desee hacerlo le envía un mail a Mónica, Neogeminis, para que los agende.

Ahora sí vamos a la propuesta: "Detectives de valijas"

Vamos a imaginar que nuestro protagonista, después de un viaje largo, llega al hotel, abre la valija y encuentra entre la ropa:

 1- Un rollo de papel higiénico

2- Un pelapapas

3- Una capa

 

Algo muy loco ¿no?

¿Qué piensa el personaje al encontrarse con estos objetos?, obviamente se da cuenta que esa no es su valija, qué piensa sobre la identidad del dueño, qué sospechas se cruzan en su cabeza, qué decide hacer, dejen volar su imaginación y a escribir.

Su texto puede ser de terror, de humor, alegre, de misterio o triste, o mezcla de todo lo que se les ocurra teniendo en cuenta de no superar las 350 palabras y que pueda ser leído por gente de cualquier edad.

 

Desde ya los esperamos a todos.

             Rosana y Patricia

 

 



En esta historia participa la Brigada de Respaldo Paranormal, que surgió como respaldo de otros personajes. Para no extenderme de más no incluí a una integrante.

La cocina letal

 

Un viajero en un hotel, abrió una valija, descubriendo que un rollo de papel higiénico, un pelapapas, una capa. Y una cara tallada en una papa.

Alarmado, el viajero lo denunció en la recepción.

Y eso derivó en la intervención de la Brigada de Respaldo Paranormal.

 

- ¿Qué piensan ustedes? –dijo Walter Craven, líder de Brigada.

-El retrato es muy detallado –opinó Ares Argento el artista forense- Expresa odio.

-Jefe, claramente es una amenaza –intervino Lara Fiorentino-  Y si no llegamos rápido, tendré que trabajar horas extras.

-Este es el plan–contestó Craven- Rastreamos el lugar del cambio de maletas. Y encontramos al asesino.

 

 La valija del turista fue encontrada en una habitación de otro hotel. Pero ocupante se había ido, registrándose con documentos falsos.

Craven le pegó la patada a la puerta. Entonces recibió un llamado en su equipo portátil.

-Jefe, el caso se complica –dijo Lara Fiorentino- Encontraron dos víctimas.

 

Walter Craven reunió a todo el personal.

-Denme datos.

-Jefe, puedo decirles que comieron una ensalada, en el mismo lugar –contestó la doctora- Y tienen heridas de cuchillos de cocina.

-Son críticos de comida –agregó Argento –Salían en revistas.

-¿Algo más, además de la ironía?

-Rastreé los datos de sus tarjetas de débitos –dijo Romero, experto en tecnología- Sé con quién compartieron la cena.

 

El tercero era un productor artístico. Fue encontrado en su casa, a punto de morir. La doctora diagnosticó un shock anafiláctico. Y le aplicó una inyección de adrenalina.

El productor habló de esa cena, como los críticos que lo acompañaron le dieron muy bajo al cheff, que juró vengarse de los asistentes. Y que había una cuarta integrante.

 

-Gloria Faudal, bailarina y actriz –indicó Craven- Debemos encontrarla.

-Está en una función de teatro –dijo la forense- Antes come una ensalada, en un lugar exclusivo.

 

 

Alta, imponente, Gloria Faudal caminaba por una calle solitaria cuando Craven se arrojó sobre ella.

-¡Que atrevido! –protestó la famosa.

En eso, una papa lanzada a alta velocidad destrozó los vidrios de un comercial cercano.

-Habría sido mortal–dijo Craven- O te habría golpeado las piernas.

La famosa se espantó. Craven la abrazó afuera, para tranquilizarla. Mientras que su personal detenía a alguien con un antifaz, una capa y un cañón de papas.

-¡Maldito detective! –protestó el aspirante a villano vengativo- Yo soy detenido y él se lleva la “gloria”

 

Más Detectives de valijas en Artesanos de la Palabra.


Epílogo

 

Cuando detuvieron al hombre del antifaz, la capa y el cañón de papas, Walter Craven esperaba encontrar a un asesino.

Encontró a un hombre llorando.

— ¿Por qué lo hiciste? -preguntó Craven-.

El detenido bajó la mirada.

— Porque nadie escuchó.

Lara Fiorentino arqueó una ceja.

— ¿Y por eso decidió atacar críticos gastronómicos con papas?

— Esos hombres destruyeron mi restaurante, lo único que hice fue asustarlos. Quería que sintieran, aunque fuera por un momento, el miedo que yo sentí cuando decidieron que mi trabajo no valía nada.

Ares Argento observó la papa tallada que habían encontrado en la valija.

— La cara no representa odio -dijo finalmente-. Representa miedo.
Todos guardaron silencio.

El chef había preparado aquella cena para vengarse, había amenazado a los críticos, pero no los había matado. La intoxicación había sido provocada por un ingrediente contaminado que nadie había advertido.

El productor había sobrevivido gracias a la adrenalina.

Y Gloria Faudal había escapado de la última papa.

— Entonces -dijo Lara-, tenemos un asesino que no mató a nadie y un arma que parece salida de una feria.

— Exactamente -respondió Craven-.

El chef sonrió con tristeza.
— La papa era para asustarlos. Nunca quise matar a nadie.

Craven tomó la pequeña figura tallada.
— ¿Y esto?
— Una advertencia.

— ¿Para quién?

El chef no respondió.

Aquella noche, mientras se lo llevaban, la papa quedó sobre la mesa de evidencias.

Ares se acercó.

— Jefe…

— ¿Qué?
— Creo que acaba de cambiar de expresión.

Craven miró.

Durante unos segundos, la pequeña cara parecía sonreír.
— Debe ser la luz -dijo-.

Pero Lara, detrás de ellos, negó lentamente con la cabeza.

—No, Walter.

— ¿Qué pasa?

— Yo también la vi.

Afuera,el viento movió las hojas de los árboles.

Y por un instante, llegó hasta la ventana un olor imposible: salsa de tomate, pan recién horneado y romero.

El aroma de una cocina que llevaba años cerrada.

Craven apagó la luz.

— Caso cerrado.

Ares sonrió.

— ¿Seguro?

Walter miró una última vez aquella pequeña cara tallada en una papa.

— No.

Y se guardó el silencio.

Porque hay muertos que piden justicia. Y otros que solamente quieren que alguien recuerde su nombre.

 

Por Mujer de Negro