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sábado, 5 de octubre de 2024

INICIATIVA: "UNA HISTORIA PARA MI FANTASMA"

 

Bienvenidos/as a una nueva Iniciativa en Plegarias en la Noche! llamada "UNA HISTORIA PARA MI FANTASMA” porque este mes de octubre tu fantasma va a necesitar que lo entretengas.

Con el espíritu de Halloween 🎃 en el aire, nos sumergiremos en un mundo de terror y misterio cada viernes. Donde les estaremos contando una historia diferente llena de terror que nos harán temblar de miedo y nuestro fantasma estará feliz.

 Los paso para sumarse es muy simple 😉 al igual que las Iniciativas de los años anteriores. Todos los viernes de octubre a las 22 hs de su país, cada Blog nos contaran cuentos, relatos, poemas y hasta leyendas exclusivamente de fantasmas. El formato lo eligen ustedes escrito o con un vídeo leyéndolo,  puede ser de su autoría o de algún autor/a que les guste (no se olviden de mencionar de quien pertenece), llevando por supuesto el Banner de la iniciativa y mencionando a Plegarias en la Noche, para que más bloggers quieran participar y llenemos este hermoso espacio en un lugar terrorífico 👻

 

 


El fantasma inexperto (1902)

H. G. Wells

      La escena en que Clayton narró su última historia vuelve vívidamente a mi memoria. Estuvo sentado casi todo el tiempo en el extremo del confortable sofá que está junto a la espaciosa chimenea, y Sanderson, que se sentaba a su lado, fumaba una de esas pipas de arcilla Broseley que llevan su nombre. También estaban Evans y Wish, actor maravilloso y hombre modesto al mismo tiempo. Todos habíamos llegado al Mermaid Club aquel sábado por la mañana, excepto Clayton, que durmió allí la noche anterior, acontecimiento que propició su historia. Habíamos estado jugando al golf hasta que la bola se hizo invisible; tras la cena, nos encontrábamos en ese estado de bondad apacible en que los hombres pueden soportar una historia. Cuando Clayton empezó a contar una, supusimos naturalmente que la estaba inventando. Tal vez la inventaba de hecho, y el lector podrá juzgarlo en seguida tan bien como yo. Empezó, es verdad, como si relatara una anécdota real, pero pensamos que sólo era el artificio incorregible del hombre.
       —¡Oídme! —comentó después de haber observado largamente la lluvia de chispas que ascendía desde el tronco que Sanderson había atizado—. ¿Sabéis que he estado solo aquí esta noche?
       A excepción del servicio —dijo Wish.
       —Que duermen en el otro ala —dijo Clayton—. Bien, pues…
       Dio unas caladas a su cigarrillo durante un rato, como si todavía dudara de su confidencia. Entonces dijo en voz muy baja:
       —He atrapado un fantasma.
       —¿Que has atrapado un fantasma? ¿En serio? —dijo Sanderson—. ¿Dónde está?
       Y Evans, que admiraba a Clayton de una forma inconmensurable y que había estado cuatro semanas en América, exclamó:
       —¿En serio que has atrapado un fantasma, Clayton? ¡Me alegro! ¡Cuéntanoslo ahora mismo!
       Clayton dijo que lo haría en seguida y le pidió que cerrara la puerta.
       Me miró excusándose.
       —Por supuesto que no hay chismosos, pero no quiero perturbar a nuestro excelente servicio con rumores de que hay fantasmas en el club. Ya hay suficientes tinieblas y paneles de roble como para andar jugando con estas cosas. Y además, este no era un fantasma cualquiera. No creo que vuelva nunca más.
       —¿Quieres decir que no lo retuviste? —dijo Sanderson.
       —No tuve corazón para ello —dijo Clayton.
       Y Sanderson dijo a su vez que estaba sorprendido.
       Nos reímos, y Clayton pareció ofenderse.
       —Ya —dijo con una sonrisa trémula—, pero el caso es que era un fantasma de verdad, y estoy tan seguro de ello como de que estoy hablando ahora con vosotros. No bromeo. Sé lo que digo.
       Sanderson aspiró profundamente de su pipa mientras dirigía una mirada rojiza hacia Clayton; luego expulsó un hilo delgado de humo más elocuente que muchas palabras.
       Clayton ignoró el gesto.
       —Es la cosa más extraña que me ha sucedido en la vida. Ya sabéis que yo no había creído nunca en cosas de ese estilo; y entonces, mira por dónde, cazo uno en un rincón y me encuentro con todo el asunto en mis manos.
       Meditó todavía más profundamente y, tras haber sacado un segundo cigarro, comenzó a perforarlo con un curioso punzón por el que sentía afecto.
       —¿Hablaste con él? —preguntó Wish.
       —Alrededor de una hora.
       —¿Animadamente? —dije, uniéndome al círculo de escépticos.
       —El pobre diablo estaba en un apuro —dijo Clayton, inclinado sobre el extremo del cigarro y con un leve tono de reprobación.
       —¿Sollozaba? —preguntó alguien.
       Clayton exhaló un auténtico suspiro cuando esto le vino a la memoria.
       —¡Santo Dios! —dijo—. ¡Pobre hombre! Sí, claro que sí.
       —¿Dónde lo descubriste? —preguntó Evans con su mejor acento americano.
       —Nunca llegué a concebir —dijo Clayton sin hacerle caso— qué cosa tan penosa puede ser un fantasma —y mientras buscaba las cerillas en el bolsillo y prendía su cigarro, nos volvió a dejar en suspenso.
       —Lo sorprendí —contestó al fin.
       Ninguno de nosotros tenía prisa.
       —Un carácter —dijo— permanece exactamente igual, aun cuando haya sido privado de su cuerpo. Es algo que olvidamos con demasiada frecuencia. La gente dotada con cierta fuerza o firmeza de voluntad tiene un espectro con igual fuerza y firmeza de voluntad; la mayor parte de los fantasmas que se aparecen deben de estar dominados por una idea fija, como los monomaníacos, y ser tan obstinados como burros para regresar hasta la saciedad. Esta pobre criatura no era así.
       De repente levantó los ojos y recorrió la habitación con la mirada.
       —Lo digo —prosiguió— sin mala intención, pero es la pura verdad. Incluso a primera vista me pareció débil.
       Hizo una pausa llevándose el cigarro a la boca.
       —Lo encontré en el corredor. Estaba de espaldas a mí y yo le vi primero. En seguida me di cuenta de que se trataba de un fantasma. Era transparente y blanquecino; a través de su pecho pude ver con nitidez la luz tenue de la pequeña ventana del fondo. Y no sólo su físico, también su actitud me dio una impresión de debilidad. Parecía como si no supiera en absoluto qué hacer. Una mano se apoyaba en el panel y la otra se agitaba sobre su boca. ¡Así…!
       —¿Cómo era? —preguntó Sanderson.
       —Flaco. Ya sabéis cómo es ese cuello que tienen algunos jóvenes, y que forma una especie de surcos cuando se une con la espalda, aquí y aquí… ¡Así era el suyo! La cabeza pequeña e innoble, con pelo tieso y escaso, y orejas más bien deformes. Los hombros contrahechos, más estrechos que las caderas. Llevaba un cuello vuelto, una chaqueta corta y unos pantalones con rodilleras y algo deshilachados por abajo. Así fue como apareció ante mí. Subí en silencio las escaleras. Yo tenía puestas mis zapatillas a rayas, y no llevaba ninguna luz —ya sabéis que las velas están en la mesa del rellano, y allí sólo hay una lámpara—; entonces vi cómo subía. Me detuve de repente para observarle. No sentía ningún miedo. Creo que en la mayoría de estas situaciones uno no se asusta, ni se excita tanto como podría haber imaginado. Yo estaba sorprendido e intrigado. Pensé: «¡Dios mío! ¡Por fin un fantasma! Y yo que no había creído en ellos ni un sólo instante en los últimos veinticinco años».
       —Humm —dijo Wish.
       —Me parece que justo antes de llegar al rellano, descubrió mi presencia. Volvió la cabeza con brusquedad y pude ver la cara de un joven inmaduro de nariz fofa, bigotito esmirriado y barbilla escuálida. Así nos mantuvimos un instante, uno frente a otro, y él mirándome por encima del hombro. Entonces pareció recordar su alta vocación. Se volvió por completo, se elevó sobre sí mismo, adelantó la cara, levantó los brazos, desplegó las manos al modo clásico de los fantasmas y avanzó hacia mí. Mientras se mantenía en esta postura, dejó caer su pequeña mandíbula y emitió un «Uhh» débil y prolongado. No, aquello no infundía terror en absoluto. Yo ya había cenado; había bebido una botella de champán y, cuando me quedé solo, tal vez dos o tres —tal vez cuatro o cinco— whiskies, de modo que estaba tan firme como una roca y no más asustado que si me hubiera atacado una rana.
       »—Uhh —dije—. ¡Qué disparate! Tú no perteneces a este club. ¿Qué haces aquí?
       »Pude ver cómo se estremecía».
       —Uhh… uhh —dijo él.
       »—Uhh… ¡Que te cuelguen! ¿Eres miembro del club? —dije, y para demostrarle que no me inspiraba ni una pizca de miedo caminé a través de uno de sus costados para encender mi vela.
       »—¿Eres miembro del club? —repetí mirándole de lado.
       »Se movió un poco para distanciarse de mí y mostró un gesto de abatimiento.
       »—No —dijo respondiendo a la pregunta persistente de mi mirada—; no soy miembro del club… Soy un fantasma.
       »—Bueno, eso no te da derecho a entrar en el Mermaid Club. ¿Quieres ver a alguien, o algo parecido?
       »Y encendí la vela con la mayor calma posible por temor a que confundiera la torpeza producida por el whisky con la perturbación del miedo. Me volví hacia él con la vela en la mano.
       »—¿Qué haces aquí? —dije.
       »Dejó caer sus manos y cesó de decir «Uhh». Y allí se erguía, torpe y avergonzado, el fantasma de un joven débil, simple e indeciso.
       »—Estoy de ronda —dijo.
       »—No tienes nada que hacer aquí —dije en tono tranquilo.
       »—Soy un fantasma —dijo a modo de justificación.
       »—Puede ser, pero no tienes por qué rondar por aquí. Este es un club privado, respetable; aquí vienen con frecuencia personas con niñeras y niños, y como andas con tanto descuido, algún pobre niño te puede encontrar y asustarse horriblemente. Supongo que no has reparado en ello.
       »—No, señor —dijo.
       »—Pues deberías haberlo hecho. ¿No tendrás alguna justificación para venir aquí, verdad? Haber sido asesinado en el club o algo parecido.
       »—No, señor; pero pensé que como era un edificio viejo y tenía paredes de roble…
       »—Eso es una excusa —dije, mirándole fijamente—. Es un error haber venido aquí —continué en un tono de superioridad amistosa. Hice como que buscaba mis cerillas y luego lo miré con franqueza—. Si yo fuera tú, no esperaría al canto del gallo… me desvanecería al instante.
       »Pareció aturdirse.
       »—Es que, señor… —comenzó.
       »—Me desvanecería —repetí, dándole a entender que regresara a su mundo.
       »—Es que, señor, por alguna razón, no puedo.
       »—¿Que no puedes?
       »—No, señor. Hay algo que he olvidado. He estado vagando por aquí desde medianoche, ocultándome en los armarios de los dormitorios vacíos y en lugares parecidos. Estoy confundido. Nunca antes había salido a rondar y esta situación me desconcierta.
       »—¿Te desconcierta?
       »—Sí, señor. He intentado hacerlo varias veces, pero no lo he conseguido. Hay algo que se me ha ido de la memoria y no puedo volver.
       »Esto me impresionó profundamente. Me miraba con tanta humildad que por nada del mundo habría mantenido yo el tono tan agresivo que había adoptado.
       »—Es extraño —dije, y mientras hablaba imaginé oír a alguien que se movía por abajo—. Ven a mi cuarto y cuéntame algo más sobre el asunto —yo, por supuesto, no entendía nada.
       »Intenté cogerle del brazo, pero, evidentemente, era como intentar coger un soplo de humo. Había olvidado mi número, me parece. De cualquier forma, recuerdo haber entrado en varios dormitorios —fue una suerte que yo fuera el único que se encontraba en ese ala— hasta que al fin vi mis cosas.
       »—Ya estamos —dije, y me senté en el sillón—. Siéntate y cuéntamelo todo. Me parece que te has metido en un buen lío, amigo.
       »Bueno, el fantasma dijo que no quería sentarse y que prefería ir y venir por la habitación, si a mí no me importaba. Así lo hizo y en un instante nos vimos sumidos en una conversación larga y seria. En ese momento, los efluvios de los whiskies y del soda se desvanecieron y empecé a tomar conciencia del extraordinario y fantástico asunto en que estaba metido. Allí estaba, semitransparente, el fantasma convencional, silencioso excepto cuando emitía su voz fantasmal, revoloteando de aquí para allá, en aquel dormitorio viejo, limpio, agradable y tapizado de quimón. Se podía ver, a través de él, la tenue luz de las palmatorias de cobre, el resplandor de los guardafuegos de bronce y las esquinas de los grabados enmarcados en la pared; y allí estaba él, contándome su desdichada y corta vida, que acababa de concluir en la tierra. No tenía una cara especialmente honesta, pero, al ser transparente, no podía eludir decir la verdad.
       —¿Eh? —dijo Wish, levantándose repentinamente de la silla.
       —¿Cómo? —dijo Clayton.
       —Por ser transparente… no podía evitar decir la verdad… No lo entiendo —dijo Wish.
       —Yo tampoco —dijo Clayton, con una seguridad inimitable—; pero es así. Puedo asegurarlo. No creo que se haya desviado un ápice de la verdad. Me contó cómo había muerto —bajó con una vela a un sótano de Londres para descubrir el lugar donde se producía un escape de gas— y que era profesor de inglés en una escuela privada de Londres cuando sucedió el escape.
       —Pobre desdichado —dije.
       —Lo mismo pensaba yo, y a medida que me hablaba, más lo pensaba. Allí estaba, sin meta en la vida, sin meta fuera de ella. Habló de su padre, de su madre, de su profesor y de todos aquellos con quienes había tenido trato, con desprecio. Había sido demasiado sensible, demasiado nervioso; nadie le había valorado en su justa medida, ni entendido, dijo. Nunca había tenido en el mundo un amigo de verdad, sospecho. Nunca había tenido éxito. Había rehuido las diversiones y suspendido los exámenes.
       »—Hay mucha gente así —me dijo—; cuando entraba en el aula del examen, parecía que todo se esfumaba.
       »Se había prometido con otra persona extremadamente impresionable, supongo, cuando la imprudencia con el escape de gas puso fin a su aventura amorosa.
       »—¿Y dónde estás ahora? —pregunté—. ¿No estarás en…?
       »No fue nada claro en su respuesta. Me dio la impresión de que se trataba de un estado vago, intermedio, un lugar reservado especialmente a las almas con muy poca existencia para cosas tan positivas como el pecado o la virtud. No lo sé. Era demasiado egoísta y distraído para darme una idea clara sobre la clase de lugar, de región que se extiende al Otro Lado de las Cosas. Estuviera donde estuviera, parece que había caído entre un grupo de espíritus afines: fantasmas de jóvenes débiles de los barrios bajos de Londres, que tenían el mismo nombre y que hablaban a menudo de «ir de ronda» y cosas parecidas. Al parecer, pensaban que «ir de ronda» era una aventura tremenda y la mayoría de ellos se rajaban siempre. Y así, apremiado por los otros, había llegado al club.
       —¡Increíble! —dijo Wish, absorto frente al fuego.
       —En todo caso, eso es lo que me dio a entender —dijo Clayton con modestia—. Es posible que yo no me encontrara en el estado más apropiado para juzgar, pero ese es el panorama que describió. Continuó revoloteando de un lado para otro, sin dejar de hablar con su delgada voz, de su yo desdichado, pero sin decir una palabra clara ni una frase coherente en todo el tiempo. Era más delgado, más simple y más inútil que cuando estaba vivo; en ese caso, si hubiera estado vivo, no habría permanecido en mi dormitorio, le habría echado a patadas.
       —Sin duda —dijo Evans—, hay pobres mortales de esa naturaleza.
       —Y tienen tantas posibilidades de convertirse en fantasmas como cualquiera de nosotros —admití yo.
       —Lo que tenía cierta importancia para él era que, dentro de unos límites, parecía descubrirse así mismo. El desorden producido por la ronda le había deprimido terriblemente. Le habían dicho que sería una «juerga»; él había venido esperando que fuera una juerga y sólo había conseguido un nuevo fracaso que añadir a su larga lista. Se definía a sí mismo como un fracasado completo y consumado. Decía, y le creo totalmente, que nunca había intentado hacer algo en la vida que no le hubiera salido fatal y que le seguiría ocurriendo a través de la inmensidad de la eternidad. Si hubiera recibido más comprensión, tal vez… Se interrumpió y se quedó mirándome. Observó que, por extraño que pudiera parecerme, nadie, absolutamente nadie le había dado la comprensión que yo le estaba dando en ese momento. En seguida me di cuenta de lo que quería y decidí librarme de él de una vez por todas. Puedo ser un bestia, pero ser el Único Amigo Verdadero, el receptáculo de las confidencias de uno de esos egoístas enfermizos, ya sea hombre o fantasma, es algo que está más allá de mi resistencia física. Me levanté bruscamente.
       »—No te obsesiones demasiado con estas cosas —dije—. Lo que tienes que hacer es irte, irte ya… Serénate e inténtalo.
       »—No puedo —dijo.
       »—Inténtalo —dije, y lo intentó.
       —¡Intentarlo! —dijo Sanderson—. ¿Cómo?
       —Con pases —dijo Clayton.
       —¿Pases?
       —Series complicadas de gestos y pases hechos con las manos. Así vino y así tenía que irse. ¡Señor! ¡El trabajo que me costó!
       —Pero ¿cómo una serie de pases puede…? —comencé a decir.
       —Amigo mío —dijo Clayton, volviéndose hacia mí y poniendo mucho énfasis en ciertas palabras—, quieres tenerlo todo claro. No sé cómo. Sé lo que tú: al final lo hizo, pero no sé cómo. Después de un rato espantoso, consiguió hacer bien sus pases y desapareció súbitamente.
       —¿Te fijaste en esos pases? —dijo Sanderson con lentitud.
       —Sí —dijo Clayton, y pareció meditar unos instantes—. Era tremendamente extraño. Allí estábamos los dos, yo y ese fantasma impreciso y delgado, en esa habitación silenciosa, en esta casa silenciosa y vacía, en esta pequeña ciudad silenciosa el viernes por la noche. Ningún sonido, salvo nuestras voces y el jadeo casi imperceptible que el fantasma producía cuando gesticulaba. La vela de la habitación y la que había encima del tocador estaban encendidas, eso era todo; a veces, una de las dos lanzaba una llama alta, delgada y temblorosa durante un corto espacio de tiempo. Y sucedieron cosas extrañas.
       »—No puedo —decía el fantasma—, ¡nunca podré…!
       »Y de repente se sentó en una silla junto al pie de la cama y empezó a sollozar. ¡Dios mío! ¡Qué cosa tan horrible y quejumbrosa parecía!
       »—Domínate —le decía yo, y trataba de darle palmaditas en la espalda… ¡y mi condenada mano pasaba a través de él!
       »En ese momento no me sentía tan… entero como cuando estaba en el rellano. Sentía plenamente la singularidad de la situación. Recuerdo que alejé mi mano de él con un leve temblor y que fui hacia el tocador.
       »—Sobreponte —le dije— e inténtalo.
       »Y para animarle y ayudarle, me puse a intentarlo yo también.
       —¡Qué! —dijo Sanderson—. ¿Los pases?
       —Sí, los pases.
       —Pero… —dije yo, movido por una idea que se me escapaba.
       —Esto es interesante —dijo Sanderson, con un dedo metido en el hornillo de la pipa—. ¿Quieres decir que ese fantasma tuyo reveló…?
       —¿Que si hizo todo lo que pudo para revelar el secreto de la maldita barrera? Sí.
       —No —dijo Wish—, no pudo hacerlo. De otro modo, te hubieras ido tú también.
       —Eso es precisamente… —dije, al ver mi esquiva idea expresada con palabras.
       —Eso es precisamente —repitió Clayton, mirando el fuego con ojos pensativos.
       Se produjo un breve silencio.
       —¿Y al final lo consiguió? —dijo Sanderson.
       —Al fin lo consiguió. Tuve que emplearme a fondo para mantenerle a flote, pero al fin lo consiguió… y de forma inesperada. Se desesperaba, discutimos violentamente, y entonces se levantó de un salto y me pidió que ejecutara despacio todos los movimientos para que él pudiera fijarse.
       »—Creo —dijo— que si pudiera verlo, descubriría en seguida lo que va mal.
       »Y lo descubrió.
       »—Ya lo sé —dijo.
       »—¿Qué sabes? —pregunté.
       »—Ya lo sé —repitió. Después añadió malhumorado—: Si me mira, no puedo hacerlo… de verdad que no puedo; eso ha sido, en parte, lo que me lo ha impedido hasta ahora. Soy tan nervioso que usted me desconcierta.
       »Bueno, discutimos un poco. Yo quería verlo, naturalmente, pero él era tan terco como una mula; y, de pronto, me sentí extenuado… me había dejado sin fuerzas.
       »—Está bien, no te miraré —dije, y me volví hacia el espejo del armario que está junto a la cama.
       »Empezó muy rápido. Yo traté de seguir mirándole en el espejo para ver lo que había omitido. Sus brazos y manos giraban así y así, y entonces, de golpe, llegó al movimiento final —el cuerpo erguido y los brazos abiertos—, y así se quedó. Y después, ¡ya no estaba! ¡No estaba! ¡Desapareció! Giré sobre mis talones, desde el espejo hacia el lugar donde él se encontraba. ¡No había nada! Estaba solo entre velas llameantes y un espíritu fluctuante. ¿Qué había pasado? ¿Había pasado algo realmente? ¿Había estado soñando…? Y entonces, con un timbre absurdo de finalidad, el reloj del rellano descubrió que era el momento adecuado para dar la una. Así: ¡Ping! Y yo estaba tan grave y sobrio como un juez, con todo mi champán y todo mi whisky que se habían ido a tomar el fresco. Y con una sensación extraña, ¿sabéis…? ¡Condenadamente extraña! ¡Dios mío!
       Contempló la ceniza de su cigarro un instante.
       —Esto es todo lo que pasó.
       —¿Te fuiste a la cama después?
       —¿Qué otra cosa podía hacer?
       Miré a Wish a los ojos. Queríamos reírnos, pero había algo, tal vez algo, en la voz y en la actitud de Clayton que impedía nuestro deseo.
       —¿Y los pases? —dijo Sanderson.
       —Creo que los podría hacer ahora.
       —¡Oh! —dijo Sanderson, y sacó una navaja y se puso a limpiar de restos de tabaco el hornillo de su pipa de arcilla.
       —¿Por qué no los haces ahora? —continuó Sanderson, cerrando su navaja con un chasquido.
       —Es lo que voy a hacer —dijo Clayton.
       —No funcionará —dijo Evans.
       —Y si… —sugerí.
       —Prefiero que no lo hagas —dijo Wish, estirando las piernas.
       —¿Por qué? —preguntó Evans.
       —Prefiero que no lo haga —dijo Wish.
       —Pero si no los sabe hacer bien —dijo Sanderson, cargando su pipa con un montón de tabaco.
       —Me da igual, preferiría que no lo hiciera —dijo Wish.
       Discutimos con Wish. Decía que si Clayton ejecutaba esos gestos, sería burlarse de una cosa muy seria.
       —¿Pero tú no habrás creído…? —dije.
       Wish miró a Clayton, quien, mirando fijamente al fuego, sopesaba algo en su mente.
       —Lo creo… al menos más de la mitad, sí —dijo Wish.
       —Clayton —dije—, eres demasiado bueno para engañarnos. La mayor parte estaba bien. Pero esa desaparición… tendría que ser más convincente. Confiesa que se trataba de un cuento fantástico.
       Se levantó sin haberme prestado atención, se situó en el centro de la alfombra y se volvió hacia mí. Durante un rato contempló sus pies con aire pensativo, después sus ojos se clavaron en la pared opuesta y los mantuvo con expresión abstraída durante el resto del tiempo. Levantó las manos lentamente hasta la altura de los ojos y así empezó…
       Ahora bien, Sanderson es un francmasón, miembro de la logia de los Cuatro Reyes, la cual se dedica con acierto al estudio y elucidación de todos los misterios de la masonería del pasado y del presente, y entre los estudiosos de esta logia, Sanderson no es en absoluto el menos importante. Siguió, con sus ojos enrojecidos, los movimientos de Clayton con singular interés.
       —No está mal —dijo cuando Clayton terminó—. Realmente ejecutas los movimientos de una manera asombrosa: pero falta un pequeño detalle.
       —Ya lo sé —dijo Clayton—, creo que podría decirte cuál es.
       —¿Cuál?
       —Este —dijo Clayton, y giró extrañamente la mano, la retorció y la impulsó hacia delante.
       —Exacto.
       —Esto, sabes, es lo que él no conseguía hacer bien —dijo Clayton—. Pero ¿cómo tú…?
       —No comprendo casi nada de este asunto, y especialmente cómo has podido inventártelo —dijo Sanderson—, pero esto último… —reflexionó— me resulta familiar. Tienen que ser series de gestos conectados con cierta rama de la Masonería esotérica… Supongo que lo sabes. De otra forma… ¿cómo?
       Reflexionó de nuevo.
       —No creo que pueda hacerte ningún daño si te digo cuál es el giro adecuado. Al fin y al cabo da lo mismo que lo sepas o no.
       —Sólo sé —dijo Clayton— lo que el pobre diablo me reveló anoche.
       —De acuerdo, no importa —dijo Sanderson, y colocó su pipa en la repisa de la chimenea con sumo cuidado. Entonces gesticuló con las manos vertiginosamente.
       —¿Así? —dijo Clayton, repitiendo los movimientos.
       —Así —dijo Sanderson, y volvió a coger su pipa.
       —¡Ah! Ahora —dijo Clayton— puedo hacerlo todo… bien.
       Se irguió frente al fuego mortecino y nos sonrió. Pero creo que había cierta vacilación en su sonrisa.
       —Y si empiezo —dijo.
       —Yo no empezaría —dijo Wish.
       —¡No hay motivo de preocupación! —dijo Evans—. La materia es indestructible. No irás a pensar que una patraña de ese tipo va a arrojar a Clayton al mundo de las sombras. ¡Ni mucho menos! Por mí, Clayton, puedes intentarlo hasta que los brazos se te desprendan de las muñecas.
       —Yo no pienso lo mismo —dijo Wish, levantándose y poniendo un brazo sobre el hombro de Clayton—; has conseguido que me crea esa historia y no quiero que lo hagas.
       —¡Dios mío! —dije—. ¡Mirar qué asustado está Wish!
       —Lo estoy —dijo Wish, con una intensidad real o fingida admirablemente—. Creo que si ejecuta esos movimientos, desaparecerá.
       —No le ocurrirá nada parecido —exclamé—. Los hombres sólo tienen un camino para salir de este mundo y a Clayton le quedan treinta años para llegar a él. Además… ¡Vaya fantasma! ¿Piensas que…?
       Wish me interrumpió al moverse. Salió del círculo de los sillones y se paró junto a la mesa.
       —Clayton —dijo—, ¡estás loco!
       Clayton se volvió y le sonrió con una mirada alegre y luminosa.
       —Wish —dijo—, tienes razón, y los demás estáis equivocados. Desapareceré. Ejecutaré hasta el último de estos pases y, cuando el último silbido cruce el aire… ¡allez hop! Esta alfombra estará vacía, la habitación rebosará de profundo asombro y un caballero respetablemente vestido, de noventa y cinco kilos de peso, se precipitará en el mundo de las sombras. Estoy tan seguro como vosotros lo estaréis. Me niego a seguir discutiendo. ¡Probemos!
       —No —dijo Wish, y dio un paso y se paró.
       Clayton levantó una vez más las manos para repetir los pases del fantasma.
       En ese momento todos nos hallábamos en un estado de tensión, a causa, en gran parte, del comportamiento de Wish. Estábamos sentados con los ojos fijos en Clayton, y yo, al menos, me sentía rígido y tirante, como si mi cuerpo, desde la nuca hasta la mitad de los muslos, se hubiera convertido en acero. Y allí, con una gravedad imperturbablemente serena, Clayton se inclinaba, se balanceaba y agitaba las manos frente a nosotros. Cuando estaba a punto de finalizar, nos apretujamos unos contra otros y sentimos un hormigueo entre los dientes. El último gesto, como ya he dicho, consistía en girar los brazos y abrirlos por completo con la cara hacia arriba; y, cuando por fin inició ese gesto definitivo, dejé incluso de respirar. Era ridículo, sin duda, pero ya conocen ustedes el sentimiento que producen los relatos de fantasmas. Era después de cenar, en una casa poco común, vieja y oscura. ¿Podría, después de todo…?
       Durante un periodo de tiempo asombroso permaneció con los brazos abiertos y la cara hacia arriba, sereno y resplandeciente bajo la luz deslumbrante de la lámpara. Nos mantuvimos inmóviles durante un momento que se nos hizo un siglo, y entonces nació de todos nosotros un suspiro que expresaba un alivio infinito y un ¡no! tranquilizador. Porque, evidentemente, no había desaparecido. Todo era una invención. Nos había contado una historia infundada y casi había conseguido que le creyésemos, ¡eso era todo…! Y entonces, en ese preciso momento, la cara de Clayton cambió.
       Cambió. Cambió como cambia una casa con las luces encendidas cuando las apagan de golpe. Sus ojos se quedaron inmóviles bruscamente, su sonrisa se heló en sus labios y se mantenía de pie. Se mantenía balanceándose muy suavemente.
       También aquel momento se nos hizo eterno. Y entonces las sillas chocaron entre sí, cayeron cosas y todos nos movimos. Sus rodillas parecieron doblarse, se desplomó, y Evans se levantó y lo cogió entre sus brazos…
       Nos quedamos pasmados. Me parece que nadie dijo nada coherente durante un minuto. Lo veíamos, y sin embargo, no podíamos creerlo… Yo salí de una estupefacción desordenada para encontrarme arrodillado junto a él; su chaqueta y su camisa estaban desgarradas y la mano de Sanderson descansaba sobre su corazón.
       Bueno… el simple hecho al que nos enfrentábamos en ese momento podía esperar nuestra interpretación; no teníamos prisa por comprenderlo. Allí yació durante una hora. Hoy sigue yaciendo, negro y espantoso, a través de mi memoria. Clayton había pasado, en efecto, al mundo que está tan cerca y tan lejos del nuestro, y había ido por el único camino que pueden tomar los mortales. Pero si entró allí a causa del conjuro del pobre fantasma, o si sufrió un ataque repentino de apoplejía en el transcurso de la narración de un cuento inventado —como nos hizo creer el juez— es algo que está fuera del alcance de mi juicio; es uno de esos misterios inexplicables que deben quedar sin resolver hasta que llegue la solución final de todo. Lo único que puedo asegurar es que en el mismo momento, en el mismo instante en que Clayton concluía aquellos pases, se demudó, se tambaleó y cayó delante de nosotros… ¡muerto!

 


jueves, 3 de octubre de 2024

Este jueves, un relato: Cumpleaños

 

Este es el reto que  propone Alma Leonor:

“Como el próximo día 5 de octubre será mi cumpleaños, la convocatoria del RETO JUEVERO de este próximo Jueves 3 de octubre, tiene una única premisa, que tenga que ver con un CUMPLEAÑOS. El estilo y narrador son libres. Incluso el tema puede variar desde una celebración lúdica a una triste o macabra, incluso un “No cumpleaños” como en Alicia en el país de las maravillas, lo dejo a vuestra elección, pero que al menos figure una vez la palabra CUMPLEAÑOS (si alguien quiere utilizar otro idioma también vale). La duración, creo que podría seguir siendo de 350 palabras como máximo.

No me negareis que esta cita no os resultará fácil y divertida. Espero vuestras aportaciones que iré colgando aquí abajo según las vaya recibiendo en comentarios. QUIERO ACLARAR QUE ESTA PROPUESTA NO ES PARA CELEBRAR MI CUMPLEAÑOS, SINO QUE APROVECHANDO QUE SERÁ EL PRÓXIMO DÍA 5 DE OCTUBRE, EL RETO JUEVERO TRATA DE UN TEXTO CON LA PALABRA CUMPLEAÑOS.

Si me permitís la licencia, yo colgaré mi texto el sábado 5 de octubre coincidiendo con la celebración de mi 61 cumpleaños”.

 


  El Historietista que lo tenía todo

Frente al tablero de dibujo, la mesa inclinada testigo de historietas y pasiones, los Frigia se enfrentaban a un problema.

-Se acerca el cumpleaños de Hector –dijo Alejandro Escaleta- Tenemos que pensar en un regalo.

-Eso habrá que pensarlo. ¿Qué regalo podemos hacerle a alguien que lo tiene todo?–contestó Roxana Frigia, su compañera creativa y sentimental.

-No lo había pensado pero es cierto que se destaca. Por algo lo llaman El Historietista.

-Eso también es cierto. Pero no hablaba de eso –siguió argumentando Roxana- ¿Quién más puede decir que la heroína de sus historias es real? Y que es amante.

-Duality es algo de otro mundo literalmente –acotó Alejandro- Ya debe de estar haciéndole un regalo muy especial. Ella misma.

-Y anteriormente fue Juliana, nuestra agente inmobiliaria, quien le hacía esos regalos tan intensos y personales.

-A nuestro maestro no le falta vida social. Por eso, nos delega algunas actividades.

-Por eso, ¿qué regalarle a alguien que lo tiene todo?–concluyó Roxana.

Alejandro abrazó a Roxana.

-Sobre todo cuando le debemos…esto que tenemos. Él nos vio lo que había entre nosotros. Y nos contrató como sus ayudantes.

-¿Te referís a cuando nos encontró en esa feria de historietas?

-Todavía me duele esa cachetada –dijo Alejandro.

-Y te la merecías, con lo que hiciste a Duality, en ese fanzine tan feo –contestó Roxana-

-¿No lo terminaste de leer? Entonces, no conocés el final.

 

“Como leíste, Duality cae una trampa que le tendieron. La rocían con algo, para adormecerla. La sujetan, un monstruo feo le rasga el uniforme.

Y entonces, aparece una sombra femenina, una mujer alta, rápida, que ayuda a nuestra mujer felina…”

 

-¿Atalanta? Pero entonces no la conocíamos.

-La misma. Me sorprendió cuando El Historietista la presentó como una amiga.

 Roxana sonrió.

-¿Y qué te parece hacer una versión mejorada de esa historieta?

 

 

Hecto Escorzo, El Historietista, fue visitado por los Frigia.

-Tenemos un regalo para hacerte –dijo Roxana, entregando un sobre cerrado.

-No está terminado, es más bien un  boceto de historieta.

Hector abrió el sobre.

-Una historieta de Duality y Atalanta.

-¿Te gusta? -¿Preguntaron los Frigia?

-¿Gustarme? Ustedes no dejan de sorprenderme.

Más cumpleaños en HELICON

y en Tribuna de Lobos

 

viernes, 27 de septiembre de 2024

Este jueves, un relato: Carteeero!!!

 

Rosana y Patricia nos proponen este tema:


“Carteeero!!! - Nuevo reto Juevero

 

Y otra vez nos toca ser anfitrionas en el RETO JUEVERO de esta semana que se inicia.

 

Así que vayamos lentamente manejando o pedaleando o caminando o volando, (cada uno elegirá la forma que mejor quiera) y  de pronto algo o alguien se descompone o le sucede algo que requiera detener esa marcha. Justamente en donde se produce el detenimiento hay un bosque y en él una bella cabaña, vacía para que se pueda pasar la noche. 

 

La noche llega y en algún momento, se decide abrir la puerta y ¡Oh sorpresa!, llegan hasta allí, cual hojas de otoño una cantidad de sobres que contienen cartas.

 

Ahí, justo ahí, está el punto en cuestión: ¿Qué dicen las cartas?, ¿Quién o quiénes las han enviado? ¿Para quién? ¿Desde dónde?

 

Ojalá puedan hacer volar la imaginación al igual que el vuelo de las cartas y relaten lo que su cerebro les dice, condensándolo en 350 palabras. - Rogamos cumplimiento de esto. 

Rosana y Patricia”

 


 El caso de la cabaña en el bosque

 Sofía y yo llegamos a esa cabaña aislada, guiados por pistas inusuales, como las cartas arrastradas por…

-…ayudantes invisibles invocados por De Vemiis Misterys –le comenté a Sofía, que abría algunas de esas cartas.

-Terrorífico pero no tanto como el contenido de las cartas –contestó Sofía.

-El fugitivo, debe de estar muerto de miedo –comenté leyendo el nombre del destinatario, Carlos Ward.

Ward, con ropa cara pero descuidada, nos atacó con un cuchillo. Yo lo derribé y desarmé. Sofía le dijo que se calmara.

-Es necesario que nos escuche –le dije- Yo soy Ulises Lestrade, detective paranormal. Y ella es Sofía Electra Valentino, mi pareja.

-¿Cómo me encontraron?

-Estemos investigando su caso –intervino Sofía.

-Su nombre es Carlos Ward. Empresario con cierto éxito en negocios.

-Recibió una visita de José Curven y Abigail Muir, quienes le pidieron donaciones para una Fundación –agregó Sofía- Resultaron intolerantes con las negativas.

-Unos socios se negaron a pagar –confirmó  Carlos Ward- Y los encontraron desangrados, con cara de terror.

-Estamos investigando esas muertes. Y por eso llegamos hasta acá.

-Nosotros entendemos de estas cuestiones –agregó Sofía.

-¿De verdad? –pregunto Ward- ¿Y qué tengo que hacer?

-Descansar,  y dejar que nos hagamos cargo del problema –le respondí.

 

Mientras Ward dormía, hicimos preparativos.

-No tendremos que esperar mucho –comentó Sofía- La cabaña está muy apartada de los caminos. Pero recurrieron a ayuda sobrenatural para encontrarla.

-Además, Curven y Muir están ansiosos por cobrar deudas. Lo que les será fatal.

 

Sólo esperamos unas horas para verlos llegar, en un auto. Curven tenía los hombros encorvados, parecía tenebroso. Abigail tenía un cierto atractivo, que resaltaban sus rasgos oscuros.

-Bienvenidos, pueden pasar –dijo Sofía- No podrán hacer daño.

-Ward está protegido en el sótano –agregué yo- Y les aconsejo no recurrir a invocar al vampiro lóbrego.

 Curven no hizo caso a mi consejo, recitó una invocación mortalmente efectiva.

- ibi, Magnum Innominandum, signa stellarum nigrarum et bufaniformis Sadoquae sigillum.

Se escuchó una risa tenebrosa, una luz color rojo sangriento ilumino el lugar.

Pero Sofia y yo recurrimos a un conjuro de protección.  Y entonces, fue Curven el atacado. Algo lo lo mordió y lo fue desangrando.

Mientras, Abigail gritaba de terror.

Curven cayó muerto, ensangrentado. Y Abigail se arrodilló a nuestros pies.

-Levantese, no le haremos daño –contestó Sofía.

-No es necesario. A partir de ahora, será acechada el resto de su vida.

Abigail cargó el cuerpo Curven, en un recipiente. Y se fue en su auto.

 

Más cartas en Artesanos de la Palabra

 

viernes, 20 de septiembre de 2024

Este jueves, un relato: Testimonio de un gato


El tema de este jueves, propuesto por Neogéminis es el siguiente.




"Como siempre, intentando no superar las 350 palabras, con el estilo y forma que prefieran, aborden la propuesta como más les guste, haciendo referencia a nuestro encuentro y enlazando el blog convocante (en este caso, el mío) para que todos los relatos puedan ser leidos y comentados por quienes se sumen. 

A partir del jueves iré actualizando la lista de participantes, me van dejando sus enlaces aquí. 

Tengan tod@s una muy buena semana!"



La inspección de Nostromo

Eva Siontec y yo surgimos en el sistema estelar Osiris- Horus, luego de tantas intrigas de espionaje, manipulaciones de ella hacía mí. Era un el comienzo de negocios interestelares, con planetas rebeldes a la Corporación.

-Estoy ansioso de comenzar con eso.

-Antes habrá que cumplir con protocolos en Toth –contestó Eva, mencionando un planeta de ese sistema solar.

-¿Un trámite de aduana? –pregunté yo.

-Más bien una inspección de seguridad. ¿Conocés el incidente del Nostromo?

-No del todo. Y pensé que era una clase de leyenda urbana llevada al especio.

-Fue real aunque se distorsionó –comenzó a contar Eva Siontec.

 

“Sucedió cuando los viajes interestelares necesitaban de criogenia, por no haberse inventado los hiperfaros. Algo a lo que no todos tienen acceso, en la actualidad.

La nave Nostromo regresaba a la Tierra cuando Madre, la Inteligencia Artificial de la nave desvió a la trayectoria, por una seña del socorro. Es de un secreto de alto nivel lo que encontraron. Pero puedo contarte que uno de los tripulantes fue atacado por un organismo, que luego fue llamado xenomorfo.

El xenomorfo fue acabando con la tripulación, siendo resistente a las armas, con su sangre ácida. Y arrinconó a la última sobreviviente.

Pero, Jonesy, el gato mascota de la tripulación enfrentó al xenomorfo temía al gato.

Y pudo lo que las armas no habían podido hacer, con alguna ayuda de Ripley, la sobreviviente. Quien tomó la precaución de llevar al gato en su cabina de hibernación artificial”.

Jonesy compartió la con la única sobreviviente humana

 

-¿Y qué pasó con el gato? –le pregunté a Eva.

-Siguió viajando en esa clase de naves. Y tuvo descendientes que cumplen una función en Toh.

-¿Cuál es esa función?

-Ya lo vas a ver.

 

Toth es un planeta dedicado a lo administrativo del sistema Osiris-Horus, archivos. Tiene como satélite a Maat.

Nuestra nave tuvo un contacto con una estación espacial, orbitando Toth.

-La Corporación tiene xenomorfos en su poder –dijo Eva- Y no es un secreto que fui una de sus agentes.

-Entiendo. Sería típico de la Corporación enviar a una falsa renegada, para esparcir una plaga.

La compuerta se abrió. Entró un inspector, con una jaula en su mano derecha.

-Les presentó a Nostromo –dijo abriendo la jaula.

 

Un gato salió de la jaula,  para recorrer nuestra nave.

-¿Cuándo termina la inspección? –pregunté.

-Cuando Nostromo decida.

Tardó más de lo que mi paciencia hubiera deseado. Tanto peligro, intriga y tener que depender del capricho de un gato.

Por fin volvió, para refregarse contra las piernas de Eva.

-Parece que le agrada –comentó el inspector.

 

Me parece irracional confiar en el instinto de un gato. Pero el inspector declaró a nuestra nave libre de xenomorfos. Y pudimos aterrizar.

 

Más Testimonios de gatos en Neogéminis


Tal vez hayan notado que hay una inspiración en Alien, destacada película de ciencia ficción y terror.


viernes, 13 de septiembre de 2024

Este jueves, un relato: El vacío existencial

 

Nuría nos propone este reto:

 “El vacío existencial, es una pérdida de la motivación y del interés por lo que acontece, igualmente puede ser la sensación de «no tener nada dentro».

El concepto de vacío es, sin embargo, más extenso y puede referirse a un vacío representacional o existencial (vivencia de no tener nada en la cabeza, no poder pensar, no recordar), un vacío afectivo (sentir indiferencia hacia casi todo), un vacío mental (no tener fuerzas para llevar un proyecto adelante), un vacío de deseos (no anhelar nada) o un vacío de fantasías (no poder imaginar).

Y precisamente sobre ese vacío quiero proponeros que escribáis. ¿Alguna vez, o en algún momento de tu vida, sentiste ese vacío? Tal vez en tu juventud, tras la pérdida del primer amor, quizás al perder un ser querido, o simplemente porque no encuentras tu sitio en la vida.

Como último requisito, por favor no exceder las 350 palabras y ser recíprocos con el resto de participantes.

Aquí os dejo tres imágenes en las que os podéis inspirar. ¡Qué fluya la creatividad! “ 

 

 Les presento un relato más de La distopía de los Especulares, en que una conspiración ha triunfado por los protectores de ese mundo paralelo.


Venatrix

Una pálida y sombría adolescente, lava ropa teñida de sangre, en una corriente de agua.

-Soy Letanía, una Banshee. En esta noche oscura y tétrica, hay  una celebración, en la que se desatarán conflictos mortales…

 

Marco Casio Murano  estaba frente a la escultura de una mujer atractiva.

-Deberíamos estar celebrando –preguntó la voz de una mujer- El mundo será de los Especulares y también nuestro.

Murano se dio vuelta para verla, era tan seductora como su voz, con un vestido que acentuaba su sensualidad.

-Es un triunfo amargo –contestó Murano señalando a la escultura- Sin ella, siento un vacío, que el poder no puede llenar.

-¿Lamentás haber perdido a tu amante? - preguntó burlonamente Francesca.

-Merezco recompensas, privilegios en este nuevo orden –contestó Murano- Octavia era parte de eso. Y me la quitaste.

-Pero puedo compensarlo –contestó provocativamente Francesca- Podría llegar ese vacío. Muy intensamente.

-Tal vez. Pero no esta noche.

-Podés quedarte con ella –dijo despectivamente Francesca- No habrá otras estatuas como esa.

-¿Por qué no?

-Atrapé a la escultora.

 

En las ruinas de una mansión, había una mujer atada entre dos columnas. Vestida un peplo rasgado, algunas marcas en su cuerpo, se mantenía beligerante, con expresión de ira.

Murano y Francesca estaban frente a ella.

-Así no se trata a una artista, Francesca.

-¿Ella también te gusta, Murano? Atalanta será tuya cuando termine con ella.

A una señal de Francesca, unas sombras tomaron forma de látigos, que atacaron a Atalanta.

La mujer no se rindió, insultó en un idioma que se parecía al latín.

-Lo lamento, Atalanta. Sé lo que es perder a alguien- dijo Marco Casio Murano.

-Yo no me enternezco, Murano.  Su amigo, El Viajero Interdimensional, con sus vórtices, y ella, con su fuerza, su velocidad, fueron toda una molestia.

Unas esferas rodaron por el piso

-Y tenían estos talismanes en su poder.

Atalanta bramó de furia. Hizo un esfuerzo por soltarse.

-Lo lamento. Yo soy un Maestro Vidriero, tanto como un Guardián Interior. Por mí te, liberaría, Atalanta. Pero no puedo.

Murano se acercó a Atalanta y le dijo en su oído:

-Usá el vacío interior, ese dolor que sentís y convertílo en furia.

La cara de Atalanta se deformó por la rabia. Uno de las esferas brilló, lo que alegró a Francesca. Pero Atalanta rompió las ataduras. Las sombras la rodearon, transformándola en una furia vengativa.

-¡Soy Venatrix!

Francesca quiso escapar pero Murano  Venatrix la atrapó, la envolvió con sombras, que la aplastaron. Hubo un grito desgarrador. En el piso quedaron los restos de un vestido, cubiertos de sangre.

Venatrix enfrentó a Murano.

-No te olvidés el otro talismán –dijo Murano- Podrías encontrar a otro portador.

Venatrix partió a una velocidad sobrehumana.

 

- Francesca quería una parte del poder, en este mundo oscuro. Y esto es lo que quedó  de ella.

Letanía retomó el lavado del vestido.

-Habrá más historias como está, en este mundo invadido por Especulares. Les deseó que no sean partes de ellas –concluyó Letanía.


Más vacío existencial en Bitácora literaria

 

 

jueves, 5 de septiembre de 2024

Este jueves, un relato: CINCO PERSONAJES

 

Alma Leonor nos propone este tema:

Muy buenas tardes a todos los participantes jueveros. Esta semana soy yo la encargada de convocar el reto para el próximo jueves 5 de septiembre y sé que lo estáis deseando, así que aquí va la convocatoria que he titulado CINCO PERSONAJES.

Pueden ser de cualquier sexo y condición y en cualquier combinación, pero:

-Al menos uno ha de ser un niño/a (de cualquier edad menor de 18 años).

-Al menos uno ha de ser un anciano/a.

-Y, al menos, uno ha de ser padre/madre (no necesariamente de un personaje).

La temática, el tiempo y el lugar donde transcurre y el estilo son libres. La duración, creo que podría seguir siendo de 350 palabras como máximo.

Espero vuestras aportaciones que iré colgando aquí abajo según las vaya recibiendo en comentarios. El próximo jueves 5 de septiembre colgaré la mía en último lugar.



Mara Laira reseña: Te arrastraré hasta las sombras

Hola, soy Mara Laira. Para quienes no me conocen aún, soy una entidad, una mujer virtual materializada por un demiurgo.

En esta ocasión, les reseñaré una película, de misterio.



Te arrastraré hasta las sombras.  La película comienza con Pablo, un adolescente, claramente menor de 18 años, siendo internado por una intervención de rutina.

Pablo queda deslumbrado por una enfermera, la señorita Cora. Pero ella está en conflicto con Andrea, la madre de Pablo, quien tiene una actitud altanera. Y se molesta con él.

La intervención de Pablo se complica inesperadamente. Y muere en presencia de  Cora, quien intenta reconfortarlo.

Andrea toma muy mal la muerte de Pablo. Acusa a Cora de haber ilusionado a su hijo, con sus aires de vampiresa. Y de haber producido un desengaño, que contribuyó a su muerte.

Y agrega que Cora tiene que complacer los deseos espectrales de Pablo. Y antes de que Luis, su esposo,  la detenga, le da vuelta la cara de una cachetada a Cora.

En una siguiente escena, Andrea hace un ritual en un baño del hospital, y  fotos de Cora. Algo que parece funcionar, Cora comienza a ser acechada por una presencia fantasmal.

Otro flasback muestra a Pablo teniendo una fantasía con la señorita Cora, muy oscura. En la que acuchilla una y otra vez a Cora, mientras ella suplica por su vida.

Un médico anestesista, en pareja con Cora, se reúne con Luis, en un café, para hablar sobre las apariciones fantasmales. La conversación es escuchada por hombre mayor, pero con apariencia de aventurero. Alguien con ideas desafiantes y amante de mujeres sensuales, provocativas. Se decide a ayudarlos, al ver las fotos de Cora.

Al día siguiente, se produce un exorcismo en el hospital. Que no es fácil. Tiene la oposición de Andrea, quien está conectada con una fuerza inquietante. Eso resulta demasiado para el experto en lo sobrenatural, que termina muriendo en los brazos de Cora.

Andrea se arrepiente por lo que ha desatado. Se insinúa que Pablo no molestará a Cora, aunque tal vez se quede cerca de ella.

Un detalle final, es que Andrea y Cora son interpretadas por dos actrices que eran madre e hija. Llegando a ser ambas Reinas del Grito, herederas de un destina adverso, de ser acechadas.

Más relatos con cinco personajes en HELICON


Inspiración: Señorita Cora, de Julio Cortázar. Pienso que sería una buena idea para historieta, aunque sospechoso que sería algo extensa.




viernes, 30 de agosto de 2024

Este jueves, un relato: Alma de muñeca ALMA

 

Patricia y Rosana nos proponen el siguiente reto:

“Esta semana estamos previstas nosotras para el relato juevero.¡Vaya previsión y sorpresa!  Para nosotras un verdadero honor comenzar a formar parte del staff que inventa las propuestas jueveras. 

Ya se habrán dado cuenta de que no somos sencillas ni muy normales, así que tendrán que atenerse a las consecuencias si no se cumplen los requisitos. JAJAJAJAJA.

Hace varios días que Buenos Aires está húmedo y gris, frío y nuboso y habitado por seres extraños como la de la foto que parece haber sido: abandonada, arrojada, despojada, soltada, dejada o se encuentra descansada en medio de la acera frente al hospital Argerich (cada quien encontrará el Ada que más le plazca)

Obviamenteeeeeeee deberá ser la protagonista de nuestro relato, que tratará de tener una extensión no mayor a las 350 palabras y que deberán escribir con el propósito de poder ser narrado a las criaturas de hasta 12 añitos. Ojo, no porque puedan escucharlo los niños, debe de ser para niños.

Esta condición sine qua non persigue el objetivo de lograr que vosotros despleguéis vuestra sana imaginación y demostréis que os podéis ajustar a cualquier género y formato literario.

Con ustedes la fulana en cuestión 

 





Obviamente el uso de la foto está permitido porque es de nuestra autoría.

Les deseamos de corazón que se diviertan y estamos ávidas por leerlos y ver todas vuestras participaciones, no se olviden de dejar los enlaces de sus participaciones en los comentarios, para comenzar a armar el listado. Muchas gracias”.

Regreso de unos personajes que hace tiempo no aparecían.


La muñeca roja

Mi nombre es Ulises Lestrade, detective paranormal de Nausicaa, agencia internacional de investigaciones. Ciertos burócratas de la Agencia me consideran  propenso a romper reglas.

-Y por eso, nos asignaron investigar absurdas leyendas urbanas –le dije a Sofía, mientras caminábamos por una calle.

-Ya tendremos  mejores casos y… ¿qué es eso que está tirado?

-Una muñeca de cabellos rojos, despeinados, ojos celestes, hecha a la imagen de una cantante. La pierna que le falta le fue cortada con una navaja, un corte muy preciso. Y el abdomen tiene cortes que serían  heridas mortales, en una mujer real.

-¡Impresionante! –dijo Sofía con admiración- Te invito a un café.

-Y presiento algo raro, como un llamado de ayuda.

-Y desesperado –agregó Sofía.

Como las muñecas hechizadas están dentro de nuestra especialidad, nos asignaron el caso.

Había escasos indicios para seguir, así que fuimos a lo mágico. Llevamos a la muñeca a un lugar  de Nausicca, trazamos un círculo y un pentágono, donde entramos Sofía y yo. Luego de una invocación, surgió la forma esfumada de una joven mujer.

Nos contó que Nina, una joven niñera que le tuvo la mala suerte de trabajar en una casa, en que había una muñeca poseída.

-O más bien atrapada –le contesté.

Sofía me dio un codazo, un reproche por hacer una observación inoportuna.

-Eso fue lo que pasó –dijo Nina- Se metió en mi cuerpo y me arrojó en esa muñeca fea. Y me atacó, me hizo daño. Pude escaparme pero no pude ir lejos. ¿Cómo están hablando conmigo?

-Sabemos algunas cosas.

 

El plan era un poco drástico. Requería reparar a la muñeca. Y rastrear a la mujer que estaba en el cuerpo de Nina. Un seguimiento a los gastos de la tarjeta de débito lo facilitó. Encontramos a la usurpadora tomando un café en la vereda de un lugar caro.

La usurpadora lo tomó muy mal. Nos desafío a Sofía y a mí. Pero era una inexperta. Y se asustó al ver a Sofía a los ojos.

Pronto, Nina estaba de regreso en su cuerpo. Y la usurpadora, de regreso en la muñeca, ahora restaurada.

 

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