5) Un personaje es
tentado, ofreciéndosele una muestra gratis de deseos concedidos. Está en mejor
condición física, tiene una destacada técnica como bajista, entra en lugares
exclusivos. Pero ciertos deseos le son esquivos, se concederán sólo si acepta
algo que no se le revela. Alguien o algo acecha.
Frodo se concentró en un bajista con una destacada técnica.
Y como el relato se ambienta en Hurlingham, lo subo a este blog.
Así le presento el relato que yo tituló.
El bajo de las tres cuerdas
Si, ya sé que Jaco era una bestia, que llevó el bajo a otro nivel pero te
digo que las cosas que le vi hacer a Julito esa noche no se las vi hacer a
nadie. Vos me vas a decir que es porque yo lo estimaba mucho, pero te digo que
es así ¡no se las vi hacer a nadie! Yo
estaba ahí, en el Galpón de Hurlingham, fue la noche que se le rompió una
cuerda apenas arrancó el show y él ni se mosqueó. Creo que debíamos ser unas
sesenta personas y que todos pensamos que era uno más de los que tocan ahí y
que había empezado con el pie izquierdo. La banda no anduvo del todo bien, pero
Julito ¡La des-co-ció!
Te digo que fue así, no estoy exagerando nada. Se nos quemaban las manos
de aplaudirlo. Hasta lo pibes de las otras bandas salían por atrás de las
bambalinas improvisadas para ver lo que estaba pasando. Los de la barra que
siempre van nada más que a tomar unos tragos y se van se quedaron hasta el
final. No sé como hizo pero le sacó melodías nuevas, sonidos nuevos a ese bajo,
no se podía creer lo que sonaba. Nos mirábamos entre el público, anonadados, ese
chabón era un desgraciado. Mirá, te cuento esto y me tiemblan las manos. Vos
escuchaste a Mark Sandman, lo escuchás a Flea, sabés lo virtuoso que es Aznar.
Pero te juro que Julito esa noche les pasó el trapo a todos. Te digo que fue
así, Julio le voló la cabeza a todo el mundo. El dueño del lugar, el gordo que
manejaba la consola y hasta el iluminador estaban esperando que termine el show
para contratarlo. Yo los relojeaba de costado, estaban agazapados en la sombra
frotándose las manos. Pero Julito no se bajaba, cada nota parecía mejor que la
anterior y los silencios eran perfectos.
En esa época ya era grande, pero las minitas apenas lo escucharon
empezaron a sonreír y abrían los ojos así de grandes. Incluso estaba la bajista
del grupo anterior, me acuerdo porque tenía unas gambas tremendas y un sombrero medio ladeado, que lo miraba
sentada en un costado del escenario como hipnotizada. Y él también se dio
cuenta que fue tremendo, que nadie había sonado así ni en ese lugar ni nunca.
Pero no me lo dijo, se fue y quizás no se lo dijo a nadie.
Yo fui también aquella tarde de lluvia a la Chacarita, me acuerdo que
cuando volvíamos en el auto, en silencio, mi primo que vivía justo enfrente de
Julito me dijo que me tenía que mostrar algo. Hablamos con un familiar y le pedimos
permiso para buscar una cosa sin valor de la habitación de Julito, un recuerdo.
La pieza era un desastre, todo el mundo decía que después de aquella noche se
había abandonado. Había vidrios rotos por todos lados, el cenicero repleto, esa
pieza apestaba. Después de esa noche nadie lo podía sacar de la casa, los
vecinos no lo vieron pasar nunca más. Y dejó de tocar así, de un día para otro.
Te juro que cuando entré y lo vi no lo podía creer, estaba ahí contra la
pared descascarada. Yo me quedé inmóvil, mi primo se agachó para verlo de cerca,
pero ni lo rozó. Ahí estaba. Con él Julito había hecho cosas que no le vi hacer
a nadie ni en videos. Cuando salimos de la habitación miré para atrás para mirarlo
de lejos, por última vez, ya con la puerta entrecerrada. Ahí estaba. Se ve que
nunca iba a poder superar lo de aquella noche en el Galpón de Hurlingham, ahí
estaba el bajo solo con las tres cuerdas.











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