Neogéminis nos presenta este reto:
"Esta
semana la consigna se centrará en el poder de las miradas y todas las
sensaciones y sucesos que puedan disparar en nuestras reacciones y
pensamientos. De esta forma, los participantes que quieran sumarse deberán
aportar un relato de alrededor de 350 palabras, narrado EN PRIMERA PERSONA, de
género y estilo libre que tenga como disparador el impacto de una mirada (sea
quien sea el/la dueño/a de esos ojos y sean cual fueren las circunstancias). A
medida que vayan publicando, me dejan el link respectivo y el jueves, armaré la
lista de participantes.
Espero les entusiasme la propuesta".
Se ha menciona en este relato a Sísifo de Averoigne. Para explicar se trata de un legendario antepasado, de una región misteriosa de Francia. Temerario, trovador, fue amado por mujeres, no todas de ellas eran humanas. Se ha contado esta historia en este relato.
Mirada de
serpiente
Soy Héctor Lestrade, como genealogista
tengo un registro de la rivalidad entre los Lestrade y los Ganimard. A pesar de
tener en común el descender de Sísifo de
Averoigne, de quien heredamos una afinidad con los misterios.
Con Gabrielle Ganimard, habíamos
investigado El caso del ucumar,
que había complicado la filmación de una película. Por pedido de las actrices Caro
Babich, Maia Tarcic, a quien rescatamos, la productora cambió el lugar de
rodaje.
Aunque el peligro no había terminado.
Además, el director habló con nosotros.
-Vamos a filmar en unas propiedades
recicladas que parecen casas humildes pero son cómodas.
-Pero algo no lo convence –me adelanté
a responder.
-Es que no debí contratar a Regina Clámor, la siguen los problemas. –contestó
el director- Debí haberme conformado con Caro y Maia.
Gabrielle decidió tomarlo en serio. Estaba
invirtiendo en la película.
Así que decidió que nos adelantáramos al
equipo. A llegar cerca, los lugareños nos recibieron con desesperación, viendo
a Gabrielle como la salvadora que esperaban.
Habían pasado unas muertes
misteriosas, lo de muerte súbita no convencía a nadie.
-No me digan nada más –dijo Gabrielle,
a través de mí.
Ella me arrastró a adentrarnos en un
lugar desconocido. Encontramos vegetación decrépita y un nido con cáscaras
extrañas.
Gabrielle me mostró una libreta con un
dibujo. Malas noticias. Era una serpiente roja, con un ojo. Un Basilisco
Criollo.
Volvimos con el grupo. Gabrielle habló
con Caro Babich y Maia Tarcic. Les pidió prestado unos espejos de mano.
Y llegó el momento clave. Volvimos a
la vegetación arruinada. Esperamos mirándonos mutuamente.
Entonces escuché un silbido.
Gabriella señaló a mi garganta.
Según lo planteado, canté. Fueron versos
de nuestro antepasado. Desafiné pero funcionó como defensa provisional.
Levantamos los espejos, hicimos varios
giros. Escuchamos otro silbido. Entonces fuimos hacia el Basilisco, herido por
su propia mirada mortal.
Intentó escapar. Pero fuimos con los
espejos. Y lo confrontamos con su propia imagen. Y fue su fin.
Habíamos triunfado. Al menos una de
las tres actrices mostraría su agradecimiento conmigo.
Pero pensé que el momento en que
Gabrielle y yo nos habíamos mirado. Las rivalidades entre los Lestrade y los
Ganimard parecieron esfumarse.
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