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martes, 28 de julio de 2026

Este jueves, un relato: Popurrí

 

Neogéminis nos presenta el siguiente reto:




“La propuesta esta vez es dejarles un POPURRÍ de expresiones para que, con algunas o todas las que figuran en la imagen de cabecera, armen un texto, de estilo, forma y tema libre, intentando no superar las 350 palabras. 

Una vez publicados, a apartir del miércoles, pueden ir dejándome acá abajo los respectivos links y con ellos subiré el jueves la lista de participantes a este nuevo encuentro de amig@s y relatos.

Espero les entusiasme la propuesta.

L@s espero!”

 

En este jueves el Mara Verso se toma vacaciones. Y participa una ilustre maga.

 

La soledad de Circe

 

Cantada por poetas, futura inspiración de artistas aún no nacidos, la maga Circe deja escapar un suspiro inquietante. Mientras escucha el rumor de una marea inconstante que viene y va.

Con melancolía, recuerda a Odiseo, inmune a su magia, por intervención de los dioses.

-Mis manos temblando por el miedo me hicieron jurar no intentar nada contra él –Piensa la maga en voz alta- Y desencantar a sus compañeros, de las transformaciones sin culpa.

Circe se entregó en cuerpo y corazón. Deseó ser amada. Pero ni la visión de su perfección envuelta en una túnica traslucida pudo retener a su amado. Más allá de océano lo esperaba una mujer llamada Penélope. ¨



-Ínfima mortal, me venciste –siguió pensando la maga- Apenas fui un mínimo refugio para alguien que rechazó mi oferta de inmortalidad.

Los dioses impusieron su voluntad a la maga inmortal, que tuvo que aconsejar a Odiseo, para que regresara a su Ítaca natal.

Verlo partir, sabiendo que no volvería, fue como una flecha atravesando su corazón. El recuerdo de  aquella mañana hizo brotar una sutil lágrima fue rocío  sin luna.

Circe se levantó, vaporosa, de su trono, recorriendo lujosas y vacías salas, con armaduras y armas de guerreros que habían sucumbido a sus encantos.

Entonces se encontró con su hijo Telégono, el hijo de Odiseo. Que avisó de una embarcación que llegaba a la isla. Tiempo atrás se habría alegrado de recibir navegantes extraviados en territorios inexplorados.

Pero Circe había cambiado.

-Saldremos a recibirlo- dijo.

O tal vez dijo en un estilo más poético, digno de una maga legendaria.

Vio a un hombre joven, que le recordaba a Odiseo, con una impronta negada por algunos rasgos distintos.

-De tu recuerdo apenas, sostengo una sombra-  se arrojó a los brazos del recién llegado.

-Soy Telémaco, mi padre ha muerto –dijo el visitante, apartándola un poco- Su voluntad fue ser enterrado en esta isla.

-Esa voluntad será cumplida.

Detrás de Telémaco, venía caminando una mujer aún joven. En la que reconoció a su rival. La esposa de Odiseo y madre de Telémaco. No pudo evitar abrazarla, ambas compartían un dolor por la pérdida de un ser amado.

 

Circe organizó los ritos funerarios, despidiéndose para siempre, ya que le estaba negado cruzar el río Estigia.

Teléfono apartó con Penélope. Circe vio algo especial entre ellos.

Como lo que estaba sintiendo por Telémaco.

-No me dejes, Telémaco –dijo Circe- Puedo darte la inmortalidad que le ofrecí a tu padre.

Y esta es la historia, que Homero no contó. Pero otros poetas insinuaron.


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